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¿ESTÁ OBAMA TRANSFORMANDO
EL CAPITALISMO?
Sócrates Rizzo
En el rescate a la industria automotriz americana el presidente Obama dice tímidamente que se trata de “nacionalizaciones que no son nacionalizaciones”, que el gobierno invertirá en las empresas sólo temporalmente y serán manejadas por equipos profesionales. Los críticos de derecha subrayan que el presidente es “el mejor vendedor del socialismo” y que “Lenin y Stalin estarían encantados con esas medidas” ¿Estará el gobierno transformando el capitalismo?, ¿acaso se trata de un enfoque de economía mixta?, ¿cuál es el juego de intereses entre las elites?
En 30 de abril del 2009, y poco después, el 1º de junio, dos grandes empresa automotrices americanas se apegaron a las leyes de quiebra y el gobierno americano inició su rescate. En la Nueva General Motors la empresa estará dominada por el gobierno estadounidense, que participa con el 60.8% del capital, el sindicato con el 17.5 %, y el resto corresponde al gobierno de Canadá y a otros acreedores. Por otro lado, la Chrysler rescatada estará dominada por el sindicato que participa con el 55 % de las acciones, el gobierno sólo con el 10 % y se espera que Fiat compre el 20 % del capital. Antes de la bancarrota, la General Motors tenía activos por 82 mil millones de dólares y pasivos por 172 mil millones de dólares, y su participación en el mercado americano había caído del 50 % en los años sesenta, al 20 % en el presente.
La revista The Economist describe a la General Motors como un Dinosaurio Automotriz que desde hace décadas había operado con una ineficiente administración, pero al mismo tiempo obtenía utilidades y pagaba elevados salarios gracias a que las restricciones y tarifas a las importaciones la protegían de la competencia. Estos arreglos eran posibles en el contexto de una coalición de intereses público/privado/sindical. La empresa “invertía” en cabildeo para conseguir la protección gubernamental, en lugar de concentrarse en la innovación tecnológica. Con la instalación de plantas japonesas en EUA la competencia arreció y debilitó las negociaciones sindicales debido a que las nuevas empresas extranjeras pagaban salarios menores y sin la carga de los jubilados que sí soportaban las empresas americanas; por ejemplo, en el 2007 había más de 600 000 jubilados, cifra mayor al número de trabajadores activos.
La apertura hacia las importaciones y a la inversión extranjera debilitó la capacidad de crecimiento de la industria nacional, y esto se agravaba porque el sindicato, UAW (United Automobile Workers Union), con suficiente fuerza negociaba mejores prestaciones en materia de salud, jubilaciones y horas extras. Aunque los riesgos de liquidación por quiebra habían cambiado los términos de la negociación obrero/patronal a favor de la empresa, no eran suficientes para una reestructuración que hiciera frente a la competencia japonesa. En estas condiciones surgen las negociaciones para acogerse al capítulo 11 del código de bancarrota mediante el cual la empresa consigue el apoyo del gobierno y negocia con el sindicato el convertir en acciones parte de los compromisos que tenía para los gastos de atención médica y jubilaciones. Este convenio tripartita entre obreros, empresa y gobierno fue una arreglo del tipo de “vertical polítical integration” en la que al presidente le conviene conservar el apoyo del sindicato, a la empresa le interesa la participación gubernamental para garantizar la moderación de las peticiones sindicales, y los obreros, en alianza con el gobierno, protegen el empleo, su fuerza sindical y su alianza con los demócratas. El sindicato acordó congelar el sueldo de las nuevas contrataciones al nivel de lo que pagan en Toyota y se comprometió a no realizar huelgas antes del 2015.
Aquí cabe preguntarse, ¿cuál será el comportamiento esperado del sindicato que ahora tiene el doble rol de representar a empleados y a parte de los accionistas?; ¿será el objetivo prioritario aumentar el valor de las acciones, o mejorar los salarios y proteger el empleo? En el caso de United Airlines, que era propiedad de los trabajadores, predominó el propósito de salarios que iban en contra de las utilidades. El sindicato de General Motors presiona ahora para que la empresa no venda en EUA carros producidos más baratos por esa empresa en China, pues esto afectaría su empleo. La moneda está en el aire, pero quizás podemos formular la hipótesis que los jubilados preferirán aumentar el valor de las acciones y con ello los beneficios del fondo para atención a la salud y a los jubilados, mientras que los obreros en activo estarán más interesados en conservar el empleo y subir los salarios
El control gubernamental de General Motors y sindical de Chrysler fue un baño de agua fría para las corrientes fundamentalistas que se oponían al rescate y que tenían una fe ciega en la “capacidad auto-reguladora de los mercados”. Se levantaron voces de alerta porque la intervención gubernamental evita la “Destrucción Creativa” que J.A Schumpeter señalaba como la esencia del dinamismo del capitalismo mediante el cual se eliminan firmas ineficientes ante la oleada de nuevas empresas con mejor tecnología y administración. Según estas teorías, habría que dejar que las empresas americanas quebraran y fueran sustituidas, parcial o totalmente por Toyota, Nissan y Honda. Esto suena por demás atractivo para los consumidores, pero no para los capitalistas, los obreros americanos y para la estrategia política del gobierno de Obama.
El rescate industrial, mediante la participación de los trabajadores en la propiedad, ponen en aprietos a los economistas que sólo ven el binomio empresa privada/gobierno como parte del modelo de gobernanza económica del capitalismo, dejando por un lado la contribución de la comunidad, de las redes sociales y sindicales, en la organización económica.
La intervención gubernamental fue un freno a la lógica implacable de la globalización, pero no representa la transformación del capitalismo y mucho menos del socialismo fabiano, que algunos pretenden ver en ello, aunque sí nos recuerda aquellas inversiones de Nafinsa en empresas privadas quebradas, políticas que eran comunes en nuestra economía mixta. El sistema capitalista americano se está regulando y rescatando de la quiebra, pero no se transforma; esto requeriría acuerdos internacionales, para crear nuevas estructuras en el manejo financiero y comercial global y facilitar un nuevo equilibrio del poder económico y político a nivel mundial, que aún está lejos de constituir parte de la agenda del presidente Obama. Aunque quizá pronto será imperativo.
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