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LAS CABRAS
DE DON LORENZO
Alejandro Heredia
Siendo CEMEX, una de las empresas que mayor respaldo ha recibido por parte del gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, Lorenzo Zambrano, el mero-mero petatero de la empresa del llamado “oro gris”; salió en defensa de la iniciativa de ingresos y egresos del ejecutivo federal. La declaración fue por demás desafortunada, al afirmar la necesidad de pagar impuestos como en otras naciones lo hacen, “las más avanzadas lo hacen” (Zambrano dixit). Mientras por el lado de su bolsillo, Zambrano pidió una baja del Impuesto sobre la Renta (ISR), pero se mostró a favor del impuesto en contra de la pobreza del 2 por ciento, sobre alimentos y medicinas.
Desde el gobierno de Ernesto Zedillo, el gobierno federal ha intentado establecer el Impuesto al Valor Agregado (IVA), un impuesto cuya naturaleza es estar dirigido al consumo. Desde la Roqueseñal, festejada por el ex gobernador de Nuevo León González Parás; la irrupción del IVA sobre la totalidad del consumo de medicinas y alimentos, ha avanzado sigilosamente, a espaldas de la población. Gran parte de los bienes y servicios en circulación pagan en estos momentos un IVA de 15 por ciento. Con la propuesta del ejecutivo federal, la cual dicho sea de paso contiene una gran dosis de comicidad gratuita, se redundará en un mayor estancamiento del comercio y de la actividad industrial. Situaciones poco convenientes para el señor Zambrano.
Los argumentos a favor del eufemístico e irónicamente llamado “impuesto contra la pobreza”, han vuelto sobre las huellas de su hermano mayor el IVA. Se dijo y se repitió, que el grabar alimentos y medicinas, sería bueno, por la serena y rotunda razón, de que los ricos al consumir más, pagarían más, lo que conllevaba albricias y esperanza para el fisco federal. En el anterior argumento se olvida, el hecho incontrovertible de que los pobres también consumen alimentos y medicinas, además de que son más susceptibles de ver un efecto adverso hacia su capacidad adquisitiva, lo cual significa, en que deberán consumir menos vegetales, frutas, arroz, pollo o atún. Claro está, si hubiera un alza significativa de los salarios generales, quizá podría haber mayor capacidad de consumo, y por ello mismo, de percepción del impuesto propuesto.
Pero como ello no pasará, debido a que subir los salarios es contrario a los mandatos neoempresariales de la presidencia de la república, el comentario “alegre” de Lorenzo Zambrano, el gran capitán de empresa regiomontano, puede considerarse una declaración política, más que un comentario apegado a la realidad económica que se vive.
Debe recordarse que CEMEX, últimamente no ha sido ejemplo de salud económica. La ola expansionista de la empresa y una deuda de más de seis mil millones de dólares, además de la especulación con derivados financieros han puesto en serio peligro su supervivencia. Del mismo modo, los escándalos en torno a sus prácticas comerciales, los cuales han sido merecedores de expropiaciones en Venezuela, investigaciones ministeriales en España, Suiza e Inglaterra; no autorizan moralmente ni técnicamente a sus directivos.
Por lo tanto el impuesto contra la pobreza, es un impuesto que empobrecerá a los más pobres de nuestro pobre país. No puede olvidarse el dato de pobreza alimentaria, la cual ha aumentado en lo que llevamos del sexenio de Felipe Calderón. Ubicada la pobreza alimentaria en 14 por ciento en el año 2006, para 2008 tuvo un incremento de alrededor de un 30 por ciento. Hasta el momento no es el peor escenario de la historia reciente, ya que en 1996 la pobreza alimentaria se ubicaba en 36.9 por ciento, y en 1998 en 33.9 por ciento. Un consuelo de tontos.
heredia_1976@hotmail.com
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