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SCIASCIA EN LA ERA

DE LA CRIMINALIDAD

Federico Campbell

Leonardo Sciascia (1921-1989) murió hace veinte años. Tenía predilección por la novela de ideas, como la que consagró a la pena capital, Puertas abiertas: la historia de un juez que se niega a firmar una sentencia de muerte. Otra de sus novelas en que se discuten también ideas es El contexto, en este caso sobre el problema del error judicial y la inminencia de un golpe de Estado.

Sin embargo, una de sus ideas más fecundas —o una de sus premoniciones que él prefería denominar deducciones— es la de la sicilianización del mundo que ahora podría traducirse en lo que entendemos por globalización del crimen o era de la criminalidad.

No es poca la asociación de ideas y sugerencias e insinuaciones que nos ha consentido la relectura de los libros de Sciascia (Negro sobre negro, El día de la lechuza, Todo modo, El teatro de la memoria) pero lo cierto es que entre más pasa el tiempo más se parece México a la Italia de 1973 cuando se vivía una extraña “estrategia de la tensión”, es decir, cuando empezaba a producirse una especie de desvanecimiento o desaparición del Estado y empezaban a acumularse unos misterios políticos sobre otros, de raigambre criminal, sin resolverse.

Esta es la asociación de ideas, emociones y presentimientos:

La pena de muerte: Ni la humanidad ni la ley deben responder al asesinato con otro asesinato.

La era de la criminalidad: Sicilia ofrece tal síntesis de problemas y contradicciones que bien puede constituir la metáfora del mundo moderno. Asistimos a una especie de sicilianización del mundo.

El Estado mexicano: El Estado ya no existe. Lo que ahora existe son grupos, pequeños estados, es decir, organizaciones criminales, que actúan en función de los intereses particulares y de grupo. El interés general se ha perdido de vista.

Intelectual: Es siempre un poco cortesano, un poco conformista, casi siempre está con el poder. Es una especie de abono para la planta política. Siempre he pensado que un intelectual debe mantener la vocación de estar siempre en la oposición.

El asesinato de Enrique Salinas de Gortari (o el de Manuel Buendía, Francisco Ruiz Massieu, las muchachas de Ciudad Juárez, Héctor Félix Miranda, Ovando y Gil, etcétera), los niños de Hermosillo: Cada vez que te dan a entrever una verdad es porque ésta es necesaria para dar más fuerza a la mentira.

Prensa: Este país se dividía antes en un país real y otro oficial. Pero existe un país real: gente seria, preocupada, que piensa, que no se atiene a aquello que cada mañana le propina el periódico.

Luis Donaldo Colosio: En los meandros del poder, donde el gran capital arma la mano de los asesinos, tiene muy poca importancia la identidad de quién ha sido delegado para matar.

Narcotráfico: La democracia no es impotente para combatir a la mafia. O mejor: nada hay en su sistema, que necesariamente la conduzcan a imponerle una convivencia con la mafia. Por el contrario, tiene entre manos el instrumento que la tiranía no tiene: el derecho, la ley igual para todos, la balanza de la justicia.

Sobre la muerte de Juan Camilo Mouriño: Nunca se sabrá ninguna verdad respecto a hechos delictivos que tengan, incluso mínimamente, relación con la gestión del poder.

Complejo Propagandístico Empresarial (Televisazteca): No es literatura lo que es fantasía, sino la realidad tal y como es manipulada y sistematizada por el poder.

Neoliberalismo: Sobre las ruinas del marxismo aparecen y reaparecen muchas invenciones del paraguas. Un comediante milanés, Gandolin, recitaba este monólogo: un hombre se guarece de la lluvia bajo un portal y mientras aguarda a que cese de llover empieza a pensar en un objeto que se pueda llevar con facilidad y pueda utilizarse para protegerse de la lluvia. Inventa el paraguas. Pero apenas sale del portal se da cuenta de que ese objeto ya ha sido inventado. Lo mismo sucede con todo lo que aparece hoy y pasa por nuevo, que es el caso del neoliberalismo económico. Pero sigamos con la historia del paraguas: no es un gran mal presentar como nueva una cosa que ya es vieja, siempre y cuando sirva para proteger de la lluvia y no para golpearnos en la cabeza. Es posible que el neoliberalismo económico sirva sólo como bastón, y no como paraguas.

Periodismo: Hay la verdad de los hechos y existe un poder de la verdad que se puede ejercer. Este debería ser el periodismo: dar el hecho en el momento, cuanto antes. El periodismo es como un juzgado de primera instancia, donde tienen valor los hechos. En cambio actualmente se practica un periodismo como apelación, donde los hechos desaparecen, lo que los abogados llaman la materia desaparece y sólo existe la forma.

Derechos Humanos: Un Estado en el que el derecho sea únicamente un simulacro vacío es una profecía fácil. Pero es preciso combatir para que no se realice. Nuestra salvación, nuestra inmortalidad del alma, consiste ahora en esta lucha, tal vez inútil.

Abstencionismo: Yo no creo en la indiferencia. La indiferencia aparece sólo en las encuestas. La gente no es un absoluto indiferente. Yo no creo en la indiferencia. Nadie es indiferente. Distinguiría, sí, en cambio, entre los angustiados y los indiferentes. Aquellos que confiesan indiferencia, los que dicen “No me interesa, me da igual, no voy a votar”, esos son falsos indiferentes. Al contrario, hay una parte, que creo que es la mayoría del pueblo, que está angustiada, que querría entrever un rayo de verdad.

Escritores: Ojalá que los escritores pudieran tener en nuestro país el papel que las polémicas les atribuyen, influir realmente cuando se les acusa de que influyen. Pero nunca han influido para nada, nunca han tenido un papel. Maquiavelo decía que ni siquiera los escritores te hacen voltear una piedra. Valiéndonos de esta imagen, podríamos decir que precisamente voltear las piedras: descubrir los gusanos que hay debajo, es lo máximo que los intelectuales pueden hacer. Ejercicio solitario, por su cuenta y riesgo.

Política: Un escritor siempre debería poder decir que la política de la que se ocupa es ética. Sería bueno que lo pudieran decir todos. Pero que por lo menos lo digan los escritores.

Memoria: Los periódicos no duran un día, no todos acaban en los bóilers destinados a la combustión. Escribir en un periódico es, como decía Horacio, como escribir sobre planchas de bronce.

Jueces, ministros, diputados, senadores: El poder ha adquirido ahora una cualidad fantástica. Es una realidad (terrible) que se ha convertido en ficción, y para convertirse de nuevo en realidad tiene que pasar a través de la literatura.

* * *

Leonardo Sciascia, nació en Racalmuto (provincia de Agrigento, Sicilia) en 1921 y murió en Palermo en 1989. Algunas de las frases citadas aquí proceden de sus libros y de las entrevistas que se le hicieron en La memoria de Sciascia, Sicilia como metáfora, Sin esperanza no pueden plantarse olivos, en periódicos y revistas.

En Tusquets Editores:

El contexto, El día de la lechuza, A cada quien lo suyo, La desaparición de Majorana, Todo modo, Los tíos de Sicilia, Cándido o un sueño siciliano, Una historia sencilla, La bruja y el capitán, Puertas abiertas, Los apuñaladores, El Consejo de Egipto y Horas de España.

En el Fondo de Cultura Económica:

Crucigrama, de Leonardo Sciascia ; Sicilia como metáfora, de Marcelle Padovani; La memoria de Sciascia, de Federico Campbell.

En Ediciones El Milagro:

El Honorable (comedia). Traducción de Federico Campbell.

Otros libros de Sciascia:

El teatro de la memoria (Alianza Editorial), El mar color de vino (Bruguera), Negro sobre negro (Global Rhythm), Sucesos de historia literaria y civil (Alianza Tres), El mar color de vino (Buguera), El caso Moro (Argos Vergara), De parte de los infieles y Autos relativos a a muerte de Raymond Roussel (Mondadori).

Biografía:

Sciascia. El maestro de Regalpetra, de Matteo Collura; Editorial Alfaguara.

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