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LOS POLICLETOS NOS LA MENTARON
Luis Lauro Garza

Locación 1: Barrio Antiguo, Monterrey

Primer cuadro: Dos hombres y una mujer entre 50 y 60 años, salen felices de un antro del Barrio, luego de departir cena, bebida y música en vivo con más de una quincena de amigos.

Segundo cuadro: Caminan enfundados en sus sacos hacia el vehículo estacionado a varias cuadras del lugar, disfrutando de la noche, del empedrado sin coches y del tónico espiritual proporcionado por este encuentro casi cultivado en invernadero, en medio de la inseguridad citadina.

Tercer cuadro: En una leve pendiente aparecen de la nada dos policías municipales montados en sendas bicicletas, exigiendo identificación por adelantado.

Cuarto cuadro: Sobreviene un alegato relativo al ejercicio de derechos ciudadanos enarbolada por los caminantes, versus la aplicación del protocolo precautorio demandada por los policletos, según esto por devaneos sospechosos en la cadencia del descenso calle abajo: que la identificación, que se van cayendo, que deben cooperar, que están perdidos, que le podemos hablar a los refuerzos, que si andan muy tomados les va a salir muy caro…

Quinto cuadro: Los argumentos fluyen entre los sacos de las potenciales víctimas, y los chalecos protectores y pantalones cortos que porta la autoridad furtiva.

Sexto cuadro: Un poli tensa aún más la situación con una frase surgida al fragor de disputa: “¿Qué, no sabe leer”?, indicando su pecho, el cual exhibe la leyenda “POLICIA MUNICIPAL”.

Séptimo cuadro: “¡¿Qué qué?! “Tan sabemos leer que le falta el acento a la ‘i’ de policía”.

Octavo cuadro: Los polis se repliegan refunfuñando con coraje cuando se convencen de que ya perdieron el control de la situación, y por ello no habrá billete; pero al dar la vuelta y montar las bicis de nuevo, uno de ellos se desahoga a lo lindo: “¡Pues entonces vayan y chinguen a su madre!”


Locación 2: Plaza Mayor, Salamanca, España

Primer cuadro: Un grupo de jóvenes se desvela en la madrugada de la víspera del Hallowen, con improvisados atuendos y en completo plan festivo.

Segundo cuadro: De repente uno de ellos se desprende de los demás y se estrella, al parecer accidentalmente, en una pared de la Feria Municipal del Libro instalada provisionalmente en la plaza.

Tercer cuadro: A toda velocidad dos policías se acercan corriendo y uno de ellos lo embiste por la espalda con fuerza.

Cuarto cuadro: El joven cae y antes de ser sometido llegan sus amigos a defenderlo.

Quinto cuadro: Se produce entonces un cerrado diálogo entre las dos partes: ¿por qué usar la fuerza para someter?, estaba dañando las estructuras de los locales, fue un accidente, tranquilos todos, no es legal usar la fuerza, vamos poniéndonos de acuerdo, no era mi intención dañar nada, tuvimos que reaccionar rápido, no tenemos nada contra ustedes, ahora todos somos amigos…

Sexto cuadro: La autoridad ofrece disculpas, al mismo tiempo que el joven involucrado al inicio hace lo propio y todos sus compañeros se despiden de mano como amigos.


****************


¿Qué hacemos con ellos?

Aunque es fastidioso hacer comparaciones, porque son muchas las variables sociales, históricas, económicas y culturales que intervienen en la relación de la autoridad policiaca con su población, es obvio que lo observado en España es raro en estos tiempos presenciarlo en nuestro país. Aquí adolecemos de un trato respetuoso y civilizado, y padecemos en cambio la extracción indiscriminada de recursos, más que el estricto apego a la ley, todos aquellos quienes cometamos una infracción, o simplemente quienes pestañemos un segundo en nuestro trajín diario.

Y lo grave es que ello no es privativo sólo de los policías municipales de Monterrey, sino que es generalizable, lamentablemente, a otras corporaciones, sean estatales, federales o municipales, concursando a temporadas por obtener entre la opinión pública el triste mérito de los más corruptos y abusivos, como sería el caso en estos días de los tránsitos de la capital del estado.

Rodrigo Medina, Fernando Larrazabal y Mauricio Medina han reaccionado con acciones un tanto audaces para ordenar los cuerpos policiacos y/o de tránsito. Habrá que ver en breve qué tan en serio, y con qué grado de profundidad se les dará seguimiento a estos desplantes de inaugural y evidente efecto mediático.

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