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ESTRATEGIAS PARA IM-PULSAR EL ESTALLIDO SOCIAL (Estrategia 3: Matar a la Bestia)
Juan Jesús Pardo Flores
La historia de la cultura occidental es una interminable sucesión de excesos y abusos de las clases poderosas sobre los oprimidos. La historia de los oprimidos es la historia de las experiencias del mal y del sufrimiento. Si los judíos tuvieron su holocausto, el continente americano lo tiene aún… empezó desde 1942.
La cultura occidental fomenta el individualismo, la propiedad privada, el fetichismo. Para ello usa la alienación, la coacción, etc. No permite la educación que desarrolle la conciencia crítica. No quiere que las personas vivamos en paz, que manifestemos comportamientos solidarios.
El desarrollo y crecimiento económico del mundo occidental trae la mayor pobreza a los “otros” mundos. Los amos del mundo alientan una moral: normas, valores, hábitos que autojustifican el comportamiento abusivo, depredador. Necesitamos pedagogía ética, es decir pedagogía de la alteridad, de la responsabilidad por el Otro.
Necesitamos una educación que des-cubra los tentáculos totalitarios del capitalismo, pedagogía que profundice su inmoralidad, que haga que seamos capaces de indignarnos ante el horror y el sufrimiento de la mayoría de este planeta. Pero hay que vencer a las experiencias del mal que reproducen el yo individual, y anula pensar en la importancia de preservar la vida en comunidad. Se trata de superar a la cultura y rituales de poder que llevan a la domesticación, a la pasividad y a la anulación de la memoria histórica.
Por ello una de las piezas del puzzle para im-pulsar el estallido social y que éste se oriente hacia un cambio de la historia… una revolución, es vencer la seducción de la Bestia.
Encontrar el/los punto(s) nodal(es) que mate(n) a la Bestia
Antes, las revoluciones populares se hacían cuando los poderosos (los amos del mundo) estaban distraídos en otros asuntos o negocios que requerían de toda su atención, (hacer la guerra a otro pueblo, apoderarse de alguna región con recursos naturales, estrategia geopolítica, cuando enfrentaba problemas de malestar interno -guerras civiles- etc.) cuando no podían desviar recursos y medios para atender varios frentes de su poder colonial.
Pero ahora que tienen casi todo el control de los medios de reproducir la vida, mucho capital concentrado, bases militares y gobiernos títeres-cómplices, han perfeccionado sus medios de espionaje-sabotaje, tienen el poder de destruir la economía de un país con solo “aplastar una tecla de una computadora”, y además la forma de enviar las órdenes del control y la dominación en tiempo real de un lado del mundo a otro, etc.
Ahora las revoluciones de los pueblos se vuelven más difíciles, pero no imposibles, ahora requieren-tienen niveles y esfuerzos de mayor complejidad, tanto que los pretendidos esfuerzos de unidad de los pueblos, la conciencia colectiva e incluso la insurgencia, es inmovilizada y cooptada por los dueños del mundo o sus gobiernos títeres. ¿Realmente tienen tanto poder de/para sabotearlo todo a cada momento y desde cualquier lugar y circunstancia?
El error, la pieza suelta del puzzle, es pretender enfrentar al poder con sus mismas armas y medios, y en su mismo terreno, ahí siempre se estará en desventaja, no hay, ni puede haber simetría entre poderosos y débiles. Dialogar entre poderosos y oprimidos tampoco es una relación o comunicación simétrica. Aunque, la revolución digna de los pueblos no descarta el espionaje y el sabotaje a los centros de control y poder de los amos del mundo, como forma de lucha. Pero esto es un tema para la creatividad y la clandestinidad de la herejía, de la insurgencia, de la re(v)beldía.
Esta pieza del puzzle tiene sentido cuando, con clandestinidad e imaginación se logra hacer la revolución en el lugar, en el punto donde más le duele al poderoso. Hay muchas fisuras, espacios que aún no controlan y por donde se puede colar esa piedra del pueblo (o de David).
Matar este modo de vida injusto que imponen los amos del mundo, tiene el chiste, quizá, de matar en nosotros mismos, en cada uno, en cada pueblo, el virus del individualismo, del consumo, de la seducción del dinero. Tiene la gracia de dejar de ser adoradores de Mammón. La Bestia muere cuando ya no tiene seguidores.
El asunto es aprender a vivir y crear experiencias de vida con fines y organización diferente a las que quieren y alientan los intereses y lógicas del gran capital, y al mismo tiempo brotando de “la vida” controlada por ese sistema. Cada pueblo, cada colectivo libra luchas de las que debemos aprender todos. Quizá no haya una alternativa, sino alternativas que deben tejerse en telaraña para atrapar y destruir la codicia, el consumismo, el individualismo, el espíritu del neoliberalismo, para llevar a la Bestia al mejor lugar donde no pueda seguir haciendo más daño: a su destrucción y al olvido.
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