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¿DE VERAS EN MONTERREY TÚ ERES LO IMPORTANTE? / Alfonso Teja
- La Contraloría detectó la fuga del 40 % de ingresos en Parquímetros
- El umbral de la tolerancia: nos parece “normal” que aparezca el ladrón, si está abierto el cajón
- Es un secreto a voces que las irregularidades pasan por el despacho del Administrador Guillermo Blanco, ex chofer de Madero
Ahora son los parquímetros. O mejor dicho, las personas en esa área del municipio de Monterrey, las que protagonizan el nuevo escándalo (sin efecto) que se ventila en los medios locales. Resulta que con enorme y muy talentosa percepción, la Contraloría municipal detectó que cuando había auditores en Parquímetros, los ingresos reportados crecían poco más de cuarenta por ciento. Para mayor solidez en el descubrimiento, se confirmó el natural fenómeno complementario: si los auditores no estaban presentes, los ingresos invariablemente caían en la misma proporción: cuarenta por ciento.
Y hasta aquí la historia es más o menos normal (que no debería serlo, pero tenemos un umbral de tolerancia a la corrupción tan elevado que nos parece “normal” que aparezca el ladrón si está abierto el cajón), pero la mejor parte del asunto es la pugna que ha surgido entre funcionarios y ediles (El Norte dixit) porque la separación del cargo del subdirector de esa área, Ernesto Cantú -que incluso ya había sido anunciada por el alcalde Madero-, más tarde fue cambiada por una suspensión temporal, gracias a la intervención presunta del secretario de Administración del municipio, que se llama Guillermo Blanco, pero trabaja con mano negra.
Otra crítica, aparte, mereció la gente de la administración municipal de Monterrey, por el injustificable hecho de confirmar ante la prensa y la ciudadanía el hallazgo de los presuntos malos manejos con los parquímetros, pero negándose a abrir al público la información numérica respectiva. Estas cifras fueron reveladas por Rogelio Sada, síndico primero municipal. Y no son poca cosa. Con auditores, Parquímetros reporta mensualmente un promedio de 105 mil pesos en ingresos; sin auditores, la cifra desciende invariablemente a entre 65 mil ó 70 mil. Como Sada también preside la Comisión de Hacienda del Cabildo, además de revelar los montos involucrados en este problema, informó que ha solicitado a la Tesorería una limpieza total de esa área. Pero es un secreto a voces que todas estas anomalías estructurales y de acciones irregulares, pasan por la oficina del ex chofer de Adalberto Madero y hoy Secretario de Administración municipal, Guillermo Blanco, quien ni se inmuta porque él sabe muy bien cuál es su misión, y ésa es la que le encargó su jefe. No la que está en la ley.
Estas cosas suceden apenas dos semanas después de la toma de protesta de los nuevos integrantes ciudadanos de la Comisión Municipal de Transparencia, que tienen por objetivo vigilar el cumplimiento cabal de la Ley de Acceso a la Información Pública del Estado de Nuevo León, así como el Reglamento respectivo. De acuerdo con esta ley, y mencionando textualmente lo que dice el portal internet del propio municipio de Monterrey, “cualquier persona física, moral o que demuestre un interés jurídico, tiene derecho a solicitar información de carácter público a la administración regiomontana”. Hagan la prueba, y avisen cómo les va. Si les responden, o sólo les dan largas.
Por eso hay que decirlo con sus letras. En Monterrey, el poder municipal se ejerce en medio de instituciones sólidas, pero fáciles de esquivar; y mientras tanto, créanme, no es nada difícil transformar esa solidez institucional en una especie de castillo, mucho más acorde con el estilo feudal de (des)gobernar.
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