POR UN PLAN MUNICIPAL
CONTRA LAS ADICCIONES
María del Socorro Sánchez
El problema de las drogas debería ser tema prioritario en la implementación de las políticas públicas del país.
Sabemos que tenemos necesidades urgentes por resolver, como son el empleo, vivienda, salud y seguridad, sin embargo, las variables de la “cultura de la droga” se interrelacionan.
Si hablamos por ejemplo, de las dimensiones socioeconómicas de la droga, necesariamente citaríamos el problema del narcotráfico; el dinero que mueve la droga, va engrosándose desde su cultivo hasta su venta al consumidor, y siendo el dinero, en nuestro sistema social, la máxima expresión del poder, es obvio que la distribución de la misma tenga un interés particular en la población de nuestro país.
México, siendo un país de riqueza natural, cultural y de tradiciones, enfrenta la nueva era globalizante con marcadas desventajas por su rezago educativo y su pobreza extrema, vemos por las calles sin arraigo familiar a muchos niños que sobreviven y mueren a base del pegamento que aspiran para calmar el hambre.
Sabemos también, que la venta de droga circula desde los barrios más pobres, hasta las colonias más “encopetadas” en donde los “niños bien” las ofrecen como aperitivos o como parte de su menú.
Conocemos las leyendas y corridos que nos narran hazañas robinhudescas de los primeros Capos a quienes la gente agradecía y consideraba benefactores de su lugar natal el que modificaban y mejoraban el nivel de vida de la población.
Las mafias de la droga invaden nuestro territorio sin límites con el poder que el dinero les permite (sobornos e infiltración en gobierno)
Los tiempos cambian, los grandes capos ya fueron asesinados, o remitidos a la cárcel, ahora compiten el poder los sicarios y subalternos con principios diferentes a sus antecesores, ya no hay reglas y cambiaron los valores, no respetan familias, niños ni mujeres, es la ley del talión a la que tememos los ciudadanos ordinarios por la guerra cruzada entre carteles.
La lucha contra la droga sigue y como estrategia el gobierno le apuesta a la reducción de la oferta intentando terminar con la venta de estupefacientes.
Es necesario unir esfuerzos y apuntalar la estrategia de reducción a la demanda implementando políticas de prevención para los ciudadanos.
El tema de las adicciones ha rebasado el control del sistema, seguirá incrementándose en la difícil época de crisis y será un freno más al desarrollo del país. Los Estados necesitan contar con herramientas que les permitan conocer las necesidades de los ciudadanos, la situación del consumo en su entidad y dar solución al problema de manera eficaz.
Al ser los municipios las unidades básicas de la estructura gubernamental, las que están más en contacto con las necesidades de la ciudadanía, se les confiere, según el Art. 115 Constitucional atribuciones legales para actuar sobre las condiciones favorables de salud de sus habitantes. Al facilitárseles una acción directa en materia de salud, a parte de su función clásica de administradores de las decisiones del gobierno, se espera que los municipios tomen el liderazgo y promuevan la participación ciudadana y la autogestión comunitaria para el bienestar.
La relación entre salud y desarrollo económico y social de muchas comunidades es aún limitado, por lo que a través de un programa de salud nacional se intenta solucionar problemas de manera integral, fortalecer conductas que beneficien a las propias comunidades, y promover políticas públicas que favorezcan la creación de entornos saludables.
El problema del consumo de alcohol y drogas que enfrentan las comunidades neoleonesas es real y las autoridades necesitan hacer algo para intentar frenarlo, una respuesta sería la creación de un Plan Estratégico Municipal de Prevención de las Adicciones (PEMPA) que además de considerar sus efectos en la salud garantice el diseño e implementación de políticas de salud independientemente de corrientes partidistas. Se trata de empoderar a los municipios para un seguimiento constante y evaluación permanente del Plan.
La prevención de adicciones como un objetivo prioritario en el conjunto de las políticas públicas, exige el abordaje del complejo fenómeno de las drogodependencias, esto podría marcar una diferencia sustancial para el desarrollo general de una comunidad en muy pocos años.
Es importante contar con un PEMPA para que no sean iniciativas aisladas y buenas intenciones las que se pongan en marcha, sino que a través de una Red Comunitaria coordinan acciones los padres de familia, maestros, líderes sociales y religiosos, dependencias del gobierno (Salud, Desarrollo Social, DIF) y ONGs
Las instancias que se sugiere abordar en los programas avalados por el NIDA (National Institute on Drug Abuse) son:
- La Familia como célula de la sociedad y responsable del bienestar de los hijos.
- La Escuela como co-responsable de la educación de los niños, adolescentes y jóvenes, y en donde se reafirmen ciertos valores, además de adquirirse habilidades y conocimientos que fomentan la autonomía y resistencia a las presiones de consumo de drogas.
- El ocio y el tiempo libre sirven para la socialización, debidamente canalizados puede alejar a las nuevas generaciones del uso y abuso de drogas.
- El ambiente laboral. Como empresas, quienes actúan con responsabilidad y solidaridad, proporcionando apoyo a sus trabajadores y beneficiándose también del rendimiento y productividad de ellos mismos al proporcionar soluciones oportunas.

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