DISPARATES
Uno soñaba que era rey
Armando Hugo Ortiz

Monterrey.- Miguel Ángel Mancera Espinosa llegó a la jefatura de la ciudad de México en 2012, con el apoyo de Marcelo Ebrard y el Vobo de López Obrador, entonces candidato a la presidencia.
  Se vaticinaba su respaldo al proyecto político de Marcelo Ebrard, pero en 2015 éste se convirtió en el primer exiliado político de Peña Nieto (lo acusaba de filtrar el expediente de la Casa Blanca). No traicionó a Ebrard; con López Obrador ni buenas ni malas vibras; solo gracias y adiós para ambos. Quedó como perro sin dueño, con un jugoso hueso y la jactancia de no filiación partidista. Su trayectoria profesional se dio en la burocracia judicial.
  No tardaron los periodistas mercenarios en venderle florilegios y encuestas favorables. Se alborotó y lo alborotaron para buscar la candidatura presidencial del 2018, engallado hasta el punto de afirmar que si no había elección democrática en el Frente, no competiría para la designación del candidato.
  Este fin de semana recibió varios sopapos, no hubo elección, lo invitaron a participar en ligas menores, o un premio de consolación como jefe de campaña de Anaya. No aceptó nada, pero tampoco abandonó el Frente ni la jefatura.
  Recibió su buena amancerada.
  No hubo traición -pues no tiene grupo político- sencillamente su utilidad es el mando de la Cd Mx, con la disponibilidad de utilizar el aparato administrativo y los recursos pecuniarios. Sin ellos es un donnadie y por eso continuará con dicho hueso.
  ¿Qué le espera? Como colaborador del Frente todos le pasarán por encima; y con la rebatinga de los próximos meses entre panistas y perredistas, es muy difícil que consiga una candidatura plurinominal como legislador. Tal vez su futuro sea el retorno a los orígenes de la grisura burocrática judicial.
Estuviera mejor con López Obrador.

*a_hugo16@hotmail.com