Cuentos de madrugada, II

Ileana Cepeda

 

Monterrey.- Las historias se diluían con la tarde. Ellas y ellos bailaban entre los labios que no se cansaban de pronunciar palabras. Ellos se rosaban las mejillas con la calidez de una mirada.

Ella cerraba los ojos para mirarse en el tiempo. Él buscaba remansos de su pasado en ella. Las reencarnaciones los confundían en un tiempo que no era el de ellos.

Hace siglos, ella había enloquecido por su mirada. Él, en un amorío clandestino, había dejado su alma en una suicida enloquecida. Ella, su mujer, lo esperaba sentada en las puertas de un palacio, mientras detenía el tiempo para que él, terminara su aventura.

Ella, la suicida, quería saber cómo eran sus besos y volar sin alas desde lo alto de una torre. Ella, la que espera, quería esperar a otra vida para recordarle su traición. Él, el clandestino, viajaba prófugo del tiempo esperando recuperar un amor.

Un mensaje dentro de una mágica galleta los unió en el tiempo. Ella, la que espera, seguía esperando. Él, el desesperado, seguía desesperado. Ella, la suicida, habitada por el miedo, le llevó con ella ante la puerta astral que los conduciría al mítico abismo de la locura.