Nimiedades de Vicente Montemayor
Eligio Coronado

Monterrey.- Nimiedades* es una colección de deliciosas anécdotas que el escritor Vicente Montemayor (Monterrey, N.L, 1946) ha rescatado de su bitácora personal.
  En su ameno estilo se mezclan personas, lugares y los hechos más curiosos, sin olvidar el toque reflexivo con que cierra sus textos: “en su irremediable pequeñez sideral, el hombre está ahí, soberbio, trastornado, creyéndose el ser más importante de la creación” («Houston, tenemos un problema»), “hay personas normales que viven felices sus íntimas fantasías, en su propio mundo, sin hacer daño a nadie, como esos padres o como muchos otros miembros de la raza humana” («La pareja»), “Así vamos muchos por el mundo (…), ordenando, perdiendo, escondiendo, encontrando, y sin embargo la vida sigue su rumbo, curiosa y desordenada, como si el desorden fuera lo correcto y no al revés” («La mosca del orden»).
  Parecieran escritos a vuela pluma, para evitar que el viento del olvido los disperse, pero no es así: han sido meditados ampliamente para capturar todos sus detalles.
  Otra característica es su tono conversacional que le otorga al texto cierta familiaridad lo cual involucra al lector de inmediato, pues éste siente que el autor de dirige a él: “no es admisible que tu misma locura te impugne y te desmienta, sobre todo cuando te animas a hablar solo, en voz alta, contigo mismo” («Hay veces»), “han de saber ustedes que ella, mi pluma, está confeccionada con una hermosa y auténtica pluma de quetzal” («Mi pluma»), “Desde entonces hago este tipo de llamadas más seguido, me hacen feliz, me siento como (…) el salvavidas del género humano en esta azarosa playa terrenal. ¿Y usted...ya me dio su tarjeta..?”
  («Tarjetas»).Aunque el autor privilegia los ámbitos de la realidad, sus textos terminan incursionando en la fantasía, revelando así el verdadero universo montemayorano: flores que cantan, plumas que escriben solas, diálogos con palomas heridas del corazón, estatuas taciturnas que comparten sus cuitas, tarjetas de presentación que sirven para salvar vidas, damas seductoras que resultan esquilmadoras, lustrabotas filósofos, brújulas que no orientan y terminan en el mar, relojes que marcan el tiempo hacia atrás, elefantes que se quejan del exterminio a que los somete el hombre, hijas modelo que en realidad son auténticas muñecas de fabricación japonesa, hombres que buscan apoyo emocional en los postes, novelas eternamente inconclusas, atletas paralímpicos que prefieren ayudar a un compañero caído que ganar la competencia, hombres que tratan de entrevistar un corazón antes de que éste sea trasplantado, etc.
  Finalmente, el humor esparce sus bondades con alguna generosidad aquí y allá, pero no demasiada, como para no afectar la intensidad del texto: “Ayer me regalaron una brújula. Como nunca he sabido ni de dónde vengo ni hacia dónde voy me pareció un regalo práctico” («La brújula»), “Hay veces que me sorprendo hablando solo y eso me inquieta un poco; no tanto porque esté perdiendo contacto con la realidad, que eso lo perdí hace muchas lunas” («Hay veces»), “no podré dormir esta noche pensando en la quimera de si minovela (que todavía no empiezo), llegará alguna vez a vender 40 o 400 copias, ¿pero 40 millones de ejemplares? ¡Ni en sueños!” («Los Bee Gees y mi novela inconclusa»).

*Vicente Montemayor. Nimiedades. Relatos. Monterrey, N.L., Edit. Letras de Nuevo León, 2017. 60 pp.