Esto sé del amor
Eligio Coronado

Monterrey.- En Esto sé del amor*, Alfredo Espinosa comparte su sabiduría sobre ese viejo y siempre nuevo sentimiento, y lo hace a través de poemas y aforismos vestidos de poemas.
     El estilo de Alfredo es de una sencillez metafórica que hace disfrutable los textos por más breves que sean: “Toda la noche aposté / a que te olvidaba / Amanecí en bancarrota” (p. 7), “Todo en el amor es metáfora, / excepto las espinas” (p. 25), “Enamórate de las mujeres / que hacen su fiesta / en tu vida” (p. 23).
     ¿El amor mueve al mundo o nosotros nos movemos en busca del amor? ¿Valdrá la pena aclararlo? Eso provocaría un inútil derramamiento de palabras. Alfredo es más práctico: “No digas que sabes algo del amor / si no has ardido y volado, / si no has estado en el suelo / mordiendo el polvo” (p. 29).
     Las hipótesis van y vienen, generando polémicas e incrementando la bibliografía amorosa, pero lo único cierto es que el amor es mejor vivirlo que explicarlo: “Esto sé del amor: / (…) / Arrasa como el fuego a la yerba seca / Nada consuela, solo la locura lo cura / En breve, embriaga / y a veces mata” (p. 5).
     Alfredo (Delicias, Chih., 1954) también es didáctico, con frecuencia su claridad se empeña en la orientación: “solo cuando a la amada ames, / tendrás la luna entre los brazos” (p. 19), “El amor (…) / (…) en el cuerpo florece / o se marchita” (p.17), “No destruyas la dicha ajena / solo porque la envidias; / gastarás menos energía / construyendo la tuya” (p.16).
     No faltan los aciertos que deslumbran por su economía: “Si te planto un beso / floreces / si te vas / me otoño” (p. 21).
     Aquí Alfredo se ahorra todas las palabras que anteceden a la palabra “otoño”: “si te vas / me (deshojaré como le ocurre a los árboles en el) otoño”.
     En este caso, un tallereo bien aplicado, que respetó el espíritu del texto, le permitió a Alfredo rescatar el poema sin afectar el significado. Por el contrario, lo dinamizó. Eso, sin contar el estado anímico (melancolía depresiva) que conlleva de por sí la palabra “otoño”.
     También destaca el diálogo donde un hombre intenta convencer a una mujer de restablecer una relación. Ella resuelve la cuestión arrojando una copa al piso y pidiéndole a él que pegue los fragmentos y la vuelva a llenar. Después de que él lo intenta y fracasa, ambos (derrotados) concluyen a coro: “No se puede” (p. 11). Aquí la copa funciona como metáfora de la relación: como la copa no se puede restaurar, la relación tampoco.

*Alfredo Espinosa. Esto sé del amor. Monterrey, N.L.: Edit. Onomatopeya Producchons, 2017. 30 pp. (Serie: La Petite Morte) (Libro de bolsillo: 10.5 x 7 cms.).