De nuevo, de siempre: Juan Gelman
Eloy Garza González

Monterrey.- Juan Gelman está en mi casa. Le cuento que una noche antes, en el living de un hospital, mientras ocurría el desenlace de nuestro paciente, leímos en voz alta su poema Gotán. Una superficie blanca y las letras pequeñas, como de contabilidad prosaica: la poesía. Y el poeta, a un lado de José Jaime, el vaso de whisky, la paella con langosta, los amigos que somos sus admiradores.
   Le sugiero a Juan que su poesía se tornó sombría allá por los años setenta, hasta su poemario Mundar cuando rescata su vena de humor, de franca ironía. Y él no está de acuerdo. Hay humor en Salarios del impío y en País que fue será.
   A Gelman le gusta reír con un whisky fino: el de una sola malta; en las rocas y hielo robusto. Me cuenta que hace unas semanas, en Madrid, le ofrecieron un whisky provinciano, con sabor a península Ibérica: tenía un regusto a brandy. En el whisky que destilan en España apenas queda el resabio nostálgico a un single malt que se quedó en la raya.
   En Juan Gelman toda anécdota se queda en fermento de nostalgia. El tango –género del cual es experto– es una remembranza sin alivio, y un vaso de whisky es un desenlace. Y Juan es su juglar. Recito de nuevo, de memoria, el poema suyo: “esa mujer se parecía a la palabra nunca / desde la nuca le subía un encanto particular, / una especie de olvido donde guardar los ojos”.
   Le cuento a Juan que a las cuatro de la mañana, o quizá a las cinco, en espera del desenlace de nuestro paciente, su poesía flotó en el living del hospital. Y un ensalmo particular desecó las enfermedades que demandan abrigo, y se abrió a la palabra nunca: no más dolor ni quebranto ni olvido.
   La poesía, la suya, ha cumplido el milagro y una joven llora la vida recuperada de su padre, con poemas de Juan Gelman. Eso es tener fe en el poder de la palabra y en la fortaleza que destila cada texto de nuestro amigo, uno de los más grandes de la lengua castellana. Murió Juan en 2014.
   Qué dicha haberlo tenido entre nosotros. Pero cómo duele su partida.