Horas contadas de la reforma educativa
Lupita Rodríguez Martínez

Monterrey.- Bajo la estrategia de “una mentira repetida miles de veces se convierte en una verdad”, aplicada por el Hermann Göbbels, el propagandista nazi de Adolfo Hitler, el gobierno peñista impuso la mal llamada reforma educativa como un mecanismo de control del magisterio nacional.
   A pesar del fast-track legislativo tramado por las cúpulas del PRI-PAN-PRD para imponer la contrarreforma educativa mediante el Pacto por México y del millonario derroche publicitario con dinero del pueblo para difundir la campaña sobre sus beneficios, toda mentira cae por su propio peso y las horas para que caiga la susodicha reforma ya están contadas.
   Para quienes humillaron e ignoraron las múltiples y multitudinarias manifestaciones de protesta pacífica de millones de maestras y maestros realizadas en plazas, avenidas y calles de todo el país, y que además disolvieron con despidos y amenazas los paros laborales del movimiento magisterial en miles de centros escolares, ahora solo les queda saber que la reforma educativa va a caer desde el primero de diciembre de este 2018, a partir de la llegada del nuevo gobierno constitucional.
   Así ha comprometido su palaba Andrés Manuel López Obrador, ahora como precandidato presidencial de la Coalición “Junto Haremos Historia”, integrada por el Partido del Trabajo (PT), el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y el Partido Encuentro Social (PES).
   En la vida no hay fecha que no se llegue, ni plazo que no se cumpla.
   Por ello, el compromiso de Andrés Manuel para cancelar la mal llamada reforma educativa es un compromiso que ha asumido a lo largo y ancho del país con maestras y maestros, con padres y madres de familia y, sobre todo, con alumnas y alumnos de todos los niveles educativos.
   Los estrategas peñistas hicieron creer a la población mexicana -al repetir miles de veces la vil mentira-, que el problema estructural de la educación eran los maestros y las maestras que participaban en la disidencia magisterial, y con jugosos recursos repartidos a Televisa y a otras empresas de comunicación les echaron la culpa de todo.
   Con la reforma educativa hicieron creer que la calidad de los procesos de enseñanza-aprendizaje iban a mejorar, pero solo la utilizaron para someter a la disidencia y al propio magisterio oficialista con evaluaciones lesivas, punitivas y de control político para las y los trabajadores de la educación, soportadas en leyes secundarias derivadas de los cambios al Artículo Tercero Constitucional, que en cinco años no han abonado al avance de nuestro sistema educativo.
   La cancelación de la reforma educativa, la cual ni siquiera llega a reforma laboral, como muchos señalaban, se tiene que hacer para respetar los derechos constitucionales de la niñez mexicana, de sus familias y de sus educadores, pero más que todo por así convenir a la salud social, política y económica del Estado Mexicano.
   El compromiso de Andrés Manuel con las demandas magisteriales, demuestran su solidaridad con quienes sufren las consecuencias y costos de la contrarreforma, ya sea como víctimas, presos políticos, cesados y en proceso, así como órdenes de aprehensión, suspensión de derechos laborales y pagos, retención de cuotas y demás afectaciones.
   La decisión de cancelar la reforma educativa tiene que ver con los pliegos petitorios del magisterio nacional y de las propias autoridades educativas nunca atendidos, sobre la infraestructura idónea y el mantenimiento óptimo de los edificios escolares, libros y material didáctico, con el fin de cumplir la gratuidad establecida en el Artículo Tercero Constitucional. 
   Pero, sobre todo, tiene que ver con la dignidad de maestras y maestros como profesionales de la educación y sujetos a evaluaciones continuas desde el año de 1993, así como los derechos laborales de secretarias e intendentes.
   La determinación de AMLO será el golpe letal contra la casta política y empresarial en su afán de privatizar la educación pública, laica, gratuita y de calidad, los ejes rectores trazado por el pueblo para lograr la verdadera transformación de México, así como el rechazo a cualquier tipo de imposición o de violencia contra el movimiento magisterial y, sobre todo, es el fruto del diálogo directo y permanente, en un ambiente de respeto y voluntad política, con todos los involucrados en nuestra problemática educativa.