Luz de luces

Eligio Coronado

 

Monterrey.- La espiritualidad es el camino hacia la comprensión de los seres humanos, la llave que abre los corazones que se han cerrado, el retorno de la fe en la humanidad. También es coraza para los tiempos de violencia desatada, intolerancia y destrucción.

En Luz de luces*, Adriana Patricia Sepúlveda Caballero (Monterrey, N.L., 1968) ofrece su canto a la luz universal que es Dios, pero no sólo al Dios de los católicos, sino al Dios de todas las religiones: “Me gusta escribir el mensaje espiritual de unión en donde todas las religiones son una misma, en donde brilla el amor de Dios y en donde todos (…) somos llamados a abrir el chakra del corazón y fundir el mundo en un solo amor” (p. 6).

La noche y la luna son referentes en su obra poética acaso porque generan la atmósfera propicia para sus reflexiones: “Esta noche la luna azul nos atrapa desde el alma” (p. 29), “La luna de las noches ya no es luna, / (…) / pues lo que veía era sólo el reflejo de otra luna” (p. 40), “Sueña que te inspiras en esta hermosa luna y que / todos tus caminos llegan a ella” (p. 17).

Pero es la luz de Dios el auténtico propósito de este poemario. Una luz que se extiende como un manto protector sobre los fieles del mundo para transformarlos, rodeándolos de amor: “Un rayito de sol para ti, mi hermano, para que / recibas el afecto que cada mañana Dios te envía en / cada detalle: el cantar de las aves, el resplandecer de / la luna y aquella florecita que te hace recordar lo / bella que es tu alma y lo hermoso de este corazón que / se atreve a sentir hoy porque vive” (p. 87).

Contagia la firme convicción de Adriana: “Cada letra que escribimos juntos es luz, mensajes de lo que somos dentro de nuestra verdadera naturaleza y semillas para construir un mundo mejor” (p. 6).

También nos invita a reflexionar en la vigencia de la poesía espiritual. ¿Es válida en los tiempos que corren? ¿Ahora que nuestro espíritu parece estar secuestrado por la violencia social imperante? ¿Puede este tipo de poesía fortalecer nuestro maltrecho interior? Adriana tiene la respuesta: “Si la vida te tumba, amigo, recuerda que hay luz, / que Dios siempre está contigo, hasta unirte con él en / la luz, / que la luz existe siempre y que, al voltearte a mirar / las estrellas, / tú eres una de ellas, / que Dios te abraza eterno y todos estamos para / aligerar tu cruz” (p. 93).

 

*Adriana Patricia Sepúlveda Caballero. Luz de luces. Monterey, N.L.: Edit. Voces del Mundo, 2017. 105 pp.