CARTÓN DE CHAVA

Cartas que tiro al viento

Eligio Coronado

 

Monterrey.- Alan Huerta tiene una incontenible vocación que lo doblega y esclaviza, que lo condena inexorablemente a la tortura de la creación literaria, desenfrenada y sin control, por eso escribe desaforadamente, queriendo no acabar nunca, porque ha descubierto que escribir complementa su espíritu.

En su segundo poemario, Cartas que tiro al viento*, Alan (Monterrey, N.L., 1990), busca desarrollar todo su potencial creativo en textos que pretenden aproximarse al objetivo deseado, pero que no llegan a consolidarse.

De inmediato se percibe que hace falta retrabajar los textos, sacudirlos para que se les caiga lo superfluo y quede sólo lo esencial.

Entre el exceso de artificio hallamos múltiples salidas de contexto, repeticiones, aclaraciones y declaraciones innecesarias, distracciones de pluma, ocurrencias fallidas y recurrencias de alguna intención humorística.

Entre esas recurrencias abundan los juegos de palabras, que no siempre resultan agradables, pues buscan ser efectistas sin aportar naturalidad y brillantez al texto: “Barro en la barra embarrada / Y nadie barre” (p. 84), “Vello en el retrato del retrete / Bello” (p. 88), “Me gusta (…) / Mojarte bajo la lluvia / Y sobre ella yo verte” (p. 32), “Hay accidentes en el occidente” (p. 53), “Tu hiriente oriente me orienta” (p. 53).

Estas frases quieren ser ingeniosas para justificar los poemas, pero ni siquiera alcanzan ese nivel y el resultado es contraproducente, por no decir penoso: “Cuando te des cuenta de la cuenta / Y de que el cuento aún sigue” (p. 13), “Lame la lama ante su ente” (p. 89), “Cuando te sean directas las indirectas” (p. 13), “aún te siento / Pero no me siento, te espero de pie” (p. 27), “Hembra de hambre de hombre” (p. 16), “Eres lo que nunca fue / Y siempre que sea nunca será” (p. 27).

Sí, Alan tiene una vocación innegable, pero todavía no sabe qué hacer con ella. Podría someterla a una tallerización intensiva para que genere textos ajustados a algún sentido de la estética y no estos esperpentos valleinclanescos: “Tan angosto / Ni hablar de agosto / Ni del gasto / Ni del gozo de la gansa / O la langosta” (p. 30).

 

* Alan Huerta. Cartas que tiro al viento (a ver si alguien las encuentra). Monterrey, N.L.: Cerro de la Silla Editores, 2016. 90 pp. (Colec. Prolegómenos).

CARTELERA

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