Testimonio espiritual de un hombre

Eligio Coronado

 

Monterrey.- Los escritores jóvenes son intrépidos: creen que lo pueden escribir todo y lo hacen. Y es que saben que las musas no siempre acuden. Entonces emprenden la odisea por su cuenta, sin su valioso apoyo.

Eso hizo Yolanda Elizabeth Martínez Chacón (Monterrey, N.L., 1988): se abalanzó con premura al torbellino de sus recuerdos familiares para novelar la vida de su abuelo materno, complementando los huecos que dejó el olvido con algunas entrevistas a testigos de esa historia.

El resultado fue: Testimonio espiritual de un hombre: Francisco José María Chacón Castillo. Don Francisco (Nueva Rosita, Coah., 1931) logró remontar la cuesta de un destino que se adivinaba sin expectativas y, de no tener zapatos para asistir a la escuela primaria, llegó a codearse con el presidente José López Portillo, en virtud de su puesto como director de operación y mantenimiento de la Compañía de Luz y Fuerza de la ciudad de México.

A base de tesón, don Francisco logró titularse (hacia 1953) como ingeniero electricista en el Instituto Politécnico Nacional con 9.8 de promedio y, poco después, en ese mismo año, se casaría con su novia de juventud, María Elena Ávila Lobo. Tendrían seis hijos.

Gracias a su perseverancia creó la empresa Contratistas y Abastecedores y la prosperidad tocó a su puerta. Pronto tuvo seis autos (los dos únicos Galaxies que había entonces en México, los tenía él), además de “dos suites en Acapulco al nivel del mar, una suite en Zihuatanejo, una finca en Cuautla y 6 casas en Cuernavaca” (p. 56). Adquirió una granja para engordar pollos que quedó a cargo de su padre y un hermano.

Toda esta bonanza generó un desajuste existencial de grandes proporciones en la vida de don Francisco: “El estrés estaba en todo su apogeo. El alcohol y las malas compañías lo estaban consumiendo” (p. 50), “Panchito estaba dejando la sencillez y la soberbia era su pan de cada día.

Andaba como loco y cada vez llegaba más tarde a casa: los compromisos (…) eran su prioridad” (p. 47). Incuso se vio involucrado en la muerte de un obrero: “las investigaciones (…) lo consideraron como «accidente de trabajo», pero en la mente de Pancho, él había sido el culpable” (p. 48).

De todo ese marasmo pernicioso lo vino a rescatar un familiar, el tío Kiko, con una invitación al cristianismo, mediante cartas periódicas.

El efecto fue paulatino, pero decisivo. Dejó sus antiguos vicios y feas maneras. Hoy “Si alguien llega a su casa pidiendo dinero, él lo pasará y lo invitará a comer y a ser parte de la familia. En los semáforos se detiene para dar palabras de bendición y ayudar al necesitado. Cualquier cosa que le pidas, jamás te lo negará” (p. 64).

Yolanda Elizabeth Martínez Chacón. Testimonio espiritual de un hombre: Francisco José María Chacón Castillo. Monterrey, N.L.: Ed. de Autor, 2016. 150 pp.

Nueva música norteña

Gerson Gómez

 

Monterrey.- Cantar es añorar, volver el sentimiento en palabra. Aderezarla con las notas musicales, para conmover a quienes les escuchan.

Conversamos con el intérprete y compositor Luis Carlos López “Maico”, quien conserva lo esencial de la fragancia del norestense: el amor por la tierra materna y el mapa interminable de la memoria.

Enfatiza “Maico” en su disco Norteño Feeling, el sentido universal de la metáfora por el afecto femenino. Su apuesta se resuelve a favor, pues viaja de manera lucida de la mano de melodías controladas por la melancolía.

GG: ¿Cómo ha resultado el proceso creativo con estos temas que son parte de la herencia latinoamericana, no solo en el noreste, sino en toda la parte hispanoparlante?

Maico: Ha sido en realidad muy sencillo quizá porque, desde que lo acometí, el proyecto se presentaba redondo en mi mente tanto en lo conceptual como en lo contextual. El leitmotif es ese microcosmos llamado música norteña o norestense con un marcado énfasis en el bolero regional. La fusión con el “filin” cubano y los leves toques jazzy terminaron por dar el cuerpo definitivo.

GG: ¿Te consideras el Johnny Cash regiomontano?

Maico: Definitivamente no, aunque coincido en el apego a ciertos elementos estéticos en cuanto a outfit se refiere además del cabello embetunado y mi tendencia al folk. Siempre he sido muy vintage.

Johnny Cash me atrapó desde mis primeros encuentros con su música en mi adolescencia, lo escuchaba a la par de The Isley Brothers, Inti Illimani o Los Cadetes de Linares. Pero no, no me considero el Johnny Cash regio, acaso un regio que aún se eriza al escuchar el “Folsom Prison Blues”.

GG: ¿Cómo es que te decidiste a seleccionar cada uno de los temas?

Maico: Fue fácil, la mayoría forma parte de mi soundtrack personal, me acompañan desde mi infancia y adolescencia con la radio como una omnipresencia atávica. Sólo tres o cuatro temas los incorporé en consenso con mis coproductores musicales, Ezaú Garza y Mayito Solórzano.

GG: ¿Retomar la carrera musical te representa algún nuevo reto?

Maico: El reto es el formato de solista, nunca he dejado la carrera musical, hice mucha producción discográfica. Afortunadamente el escenario es un terreno que conozco bien y sé manejarlo. Lo sentí en las primeras presentaciones de este nuevo estilo.

GG: ¿Cómo es llevada la curaduría de este norteño feeling?

Maico: Como te decía antes, un poco de concepto y un poco de contexto. Temas del cancionero popular regional de las décadas de los 50 a los 90. Un discurso amatorio de encuentro o desencuentro. Incorporaciones sonoras que aportan juego sin afectar demasiado el “ethos” y sobre todo un estilo interpretativo que invite a una atmósfera intimista y sensual.

GG: ¿Cómo puedes definir en tus palabras, o en escenarios, lo que es el norteño feeling?

Maico: Un asomo al entorno más íntimo de la música popular del noreste mexicano. La música norteña también se puede escuchar, también puede ser cachonda. No es sólo flor de cantina o de salón de baile.

GG: ¿Estas rompiendo algunos mitos o tabús, en la frontera de lo creativo, con este material discográfico?

Maico: Tal vez. Me he dado cuenta en lo poco que llevo promoviendo el norteño feeling que hay cierta resistencia entre el sector más ortodoxo de la canción regional, no les late la presencia del piano o los solos de guitarra eléctrica a la par del acordeón. En lo que respecta al público que ha asistido a mis conciertos he sentido lo bien que reciben mi propuesta. Entonces siento que voy por el camino correcto, que estoy aportándole al género.

GG: ¿Qué papel juega ahora la música norestense en la comunidad artística?

Maico: Trabajos como los del grupo Tayer, El Tigre, Marilú Treviño, Esencias, Pico de Gallo etc, siguen siendo muy apreciados y reconocidos.

GG: ¿Lo tuyo es folclor o reinterpretación con instrumentos modernos?

Maico: Soy folklorista pero no folklórico. Pocas cosas regionales son netamente folklóricas, pienso en agrupaciones netamente folklóricas como los Cardencheros de Sapioríz o en un conjunto de tambora y clarinetes de esos que abundan en la región citrícola. Lo demás, lo que hacemos los folkloristas, tiene mucho de performance.

GG: ¿Con quién te gustaría compartir escenario, vivo o fallecido o ambos?

Maico: Aventuraré nombres vivos y muertos: Joan Baez, Los Lobos, Zulma Yúgar, Fito Páez, Francisco Céspedes, Los Texas Tornado, Inti Illimani, Bola de Nieve…

GG: ¿Con quién te has sentido más cómodo al trabajar o colaborar?

Maico: He tenido la suerte de compartir producciones o el escenario con mucha gente buena onda, así que nombrar sólo algunos será más una omisión que una mención. Pero, producirle un disco a Oscar Chávez, abrirle un concierto a Pablito Milanés o ser interpretado por Celso Piña me han hecho pensar que elegí bien mi camino.

Los monólogos de la vagina

Eligio Coronado

 

Monterrey.- Los monólogos de la vagina* es una obra que, más que feminista, es humanista. Su propósito es revalorar a la mujer como persona, abatiendo siglos de degradación, violencia y desprecio en virtud de poseer este órgano.

Su autora, Eve Ensler (Scarsdale, Nueva York, 1953), la fue haciendo sobre la marcha, primero con base a comentarios casuales con amigas y luego mediante más de doscientas entrevistas planeadas.

Su objetivo fue: “celebrar la vagina”, describiéndola como superior al pene masculino, debido al hecho de que está conectada con el clítoris, el único órgano humano que no tiene otro propósito que el de dar placer” (https://es.wikipedia.org/wiki/Los_mon%C3%B3logos_de_la_vagina).

Su teatralización inició en 1996, pero desde 1998 se convirtió en una cruzada internacional en favor del género victimado, contando con la participación de incontables figuras del espectáculo, habiendo sido representada en más de 120 países y traducida a más de 45 idiomas.

Los 16 capítulos que componen esta obra son explícitos, verídicos y fluidos. Más allá del morbo, encontramos humor, ternura, dolor, erotismo, ironía, felicidad, lesbianismo, injusticia, salvajismo y por supuesto, sexo: “Mi vagina está encabronada y necesita hablar. (…).

Mi vagina no necesita que la limpien. Huele bien. No la traten de decorar. No les crean cuando les dicen que debe oler a pétalos de rosa cuando debe oler a ella” («Mi vagina furiosa»).

“Resultó que Memo amaba las vaginas. Era todo un catador. Amaba el cómo se sentían, el cómo sabían, el cómo olían, pero lo más importante es que él amaba el cómo se veían” («Porque le gustaba verla»).

“El clítoris (…) Es el único órgano del cuerpo que está diseñado totalmente para el placer. El clítoris es básicamente muchas terminales nerviosas: para ser precisos, 8000 fibras nerviosas. (…) tiene el doble, el doble, el doble que el pene. ¿Para qué quieres una pistola? ¡Si tienes una semiautomática!” («Feliz dato vaginal – clítoris»).

Los títulos explican mejor que nada el contenido y el tono, y convocan a la lectura inmediata (excepto, claro, para los mojigatos, retrógrados y decimonónicos):

 

Cap. 1- Pelos

Cap. 2- Si tu vagina se vistiera, ¿qué se pondría?

Cap. 3- Si tu vagina pudiera hablar, ¿qué diría?

Cap. 4- La inundación

Cap. 5- El taller de la vagina

Cap. 6- Feliz dato vaginal – Clítoris

Cap. 7- Porque le gustaba verla

Cap. 8- Datos no muy felices

Cap. 9- Mi vagina era mi aldea

Cap. 10- Mi vagina furiosa

Cap. 11- La paparrucha en el País de las Maravillas

Cap. 12- ¿A qué huele tu vagina?

Cap. 13- Reconquistando el coño

Cap. 14- A una niña de 6 años se le preguntó

Cap. 15- La mujer que amaba hacer felices a otras vaginas y

Cap. 16- Yo estaba ahí

 

Conmueve la valentía de las mujeres para tolerar tanta atrocidad cometida en su contra (cada 4.6 minutos una mujer es violada en México y 6 son asesinadas) y cómo los antivalores de sumisión, estoicismo y abnegación (tan arraigados antes) se van diluyendo en la corriente contemporánea de la igualdad de género.

¿Provocará todo esto una nueva era en la relaciones hombre-mujer o se impondrá, como siempre, la proverbial intransigencia masculina?

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* Eve Ensler. Los monólogos de la vagina. Buenos Aires, Arg.: Emecé Editores, 2016. 126 pp. (Colec. Emecé).

Entre dichos y hechos

Eligio Coronado

 

Monterrey.- María Antonia Martínez Rivas (también llamada Tony o mi querida Antónima) es una narradora costumbrista que teje sus textos con los hilos del humorismo y la picardía.

En su primer libro (Entre dichos y hechos*), nos ofrece un instructivo y tres historias: «Instrucciones para abordar un camión», «S.O.S», «A medida del Santo son las cortinas» y «Camas de amor eterno».

En «Instrucciones…», María Antonia (Monterrey, N.L., 1965) incluye cómo esperar el autobús, cómo tratar con la gente, cómo conducirse dentro del vehículo, dónde sentarse y qué lenguaje emplear si el chofer no se para donde uno timbra.

Todo un manual de urbanidad (si descontamos el lenguaje carretonero destinado al cafre cuando se pasa de la esquina solicitada): “Si sus gritos no son escuchados, un chiflido o movimiento obsceno de manos le ayudará. Si ve que no pasa nada no se frustre, esos cabrones ya se han hecho inmunes” (p. 7).

En «S.O.S», una visita al Seguro Social se convierte en pesadilla de molestias, corajes, vergüenza y dolor al tener que acompañar a la madre, ser exhibida por ésta en aspectos muy privados (edad y virginidad) y obligada a vacunarse contra la influenza, además de aplacar sus instintos homicidas contra niños latosos: “juro que me tiemblan las manos de las ansias de darles un chingadazo o atravesarles el pie despistadamente para que caigan y dejen de joder” (p. 9).

En «A medida del Santo son las cortinas» una mujer resume sus difíciles relaciones con la iglesia: bodas, primeras comuniones, tertulias y loterías: “Desde chica mis padres han batallado conmigo por no cumplir con ese precepto. No lograron que tuviera un acercamiento definitivo con Dios. Mi paso por ella ha sido un poco escabroso” (p. 14).

Y en «Camas de amor eterno», una mujer sorprende a su marido con una cama para reanimar la perdida pasión, aunque dicha cama se halla en un ¡panteón! y funciona: “Gozamos como enajenados nuestra piel, descubrimos nuevas caricias en lugares inexplorados, llenos de pasión. Nuestros cuerpos, rítmicamente acoplados, disfrutaban como la primera vez. Mi olfato me señalaba los rincones de su tez con la misma necesidad que quema la piel, un festín de besos profundos” (p. 29).

El humor de Antónima coquetea con la carcajada estrepitosa, sobre todo por la súbita aparición en los momentos menos esperados: “Órale, barra libre, de aquí soy” (al ver en el altar muchas botellas de vino, p. 17), “¡Ya nos cargó el payaso!” (al escuchar el llamado a misa, p. 18), “¡Como si alguien le hubiera preguntado a la mujer!” (cuando su madre le revela al doctor que su hija es virgen, p. 12).

Por su parte, el erotismo aparece en «Camas de amor eterno» y es explícito, como corresponde a una pareja que empezaba a oxidarse en la rutina: “Mis manos pasearon por sus nalgas sin dejar de acariciar. Un miembro que disfruté y descubrí como nunca lo había hecho: saboreé, chupé, mordí hasta el delirio” (p. 29).

¿Es válido el erotismo explícito en literatura? Por supuesto que sí. Es prioridad del autor dotar al texto de todo aquello que requiera para satisfacer su sentido creativo. Los lectores sólo podemos opinar, pero no impedir ese proceso.

 

* María Antonia Martínez Rivas. Entre dichos y hechos.  Monterrey, N.L.: Edit. Onomatopeya Producchons, 2017. 30 pp. (Serie: Entredixit) (Libro de bolsillo: 10.5 x 7 cms.)