Desde la almohada y otras ficciones

Eligio Coronado

 

Monterrey.- La fantasía es el género literario más maleable porque en él todo es posible. En Desde la almohada y otras ficciones*, Carlos Moctezuma demuestra que su pluma tiene acceso libre a este territorio donde hay toallas que hablan, hermanos que se creen pájaros, cuerpos que no producen sombra, sueños que despiertan y ojos sin cuerpo, entre otros.

Moctezuma (Tampico, Tamps., 1958) simplemente se deja llevar por ese derrotero donde encuentra toda clase de criaturas conformadas según las ideas, deseos o temores de quien las imagina y repentinamente cobran vida: gritos de dioses heridos, sombras que se ejercitan, mariposas que tornan en murciélagos y extrañas respiraciones jadeantes, por decir.

Su estilo no es lúdico, sino que escribe con la frescura de la ingenuidad, lo cual le otorga más credibilidad a su creación: “creo que lo que no pase en esta habitación, ya no ocurrirá en ningún otro lugar” (p. 19), “No sé si existe el resto de la casa o soy un fragmento aislado de la misma” (p. 23), “Qué infinidad de tráfico existe ya en esta habitación, no cabe ni una aguja, no puedo moverme, parece que se dejaron venir los sueños de todo el mundo” (p. 24).

Y es que todo ocurre en su cuarto, en sus noches de desolación sueñística (o sea, sin sueño), como si allí estuviera el centro generador de toda la inventiva de Moctezuma: estrellas que entran por el techo, búhos que analizan los sueños, elefantes miniatura, secretos que pueden ser montados, apariciones en el espejo, muebles que llueven del techo, relojes que hablan, et al.

Y es precisamente el reloj quien le revela el secreto de su habitación: “Este cuarto es el universo detenido con su fluir de sueños que trasvasan su invisibilidad. Ellos y yo te hemos acompañado desde siempre, juntos te hemos cuidado. Hoy en tu permanente insomnio has transgredido la línea, todo lo haces posible” (p. 25).

Con este volumen, Carlos Moctezuma crece como escritor, no sólo por abordar otro género, sino por hacerlo con tanta solvencia; incluso lo sentimos más seguro y natural que en la poesía: “Abrí los ojos en la nada absoluta, era un par de ojos sin cuerpo, al parecer todavía no llegaba el tiempo de abrirlos” (p. 11), “Amanecí dormido sobre el borde de la ventana, mitad adentro mitad afuera, extraña forma de dormir me dije, pero yo recuerdo haberme acostado en la cama, entonces porqué estoy así. (…) Presiento que alguien ya no nos soporta en esta casa” (p. 22), “Tengo un hermano muy pequeñito que se cree pájaro: por las mañanas pide alpiste y agua. (…) Yo cumplo como hermano mayor que soy, salgo y cuidadosamente cuelgo una jaula en la pared” (p. 36).

Tal vez por eso surge de su impetuosidad esta gran cantidad de seres extraños y misteriosos, que esperaban turno para manifestarse y ahora lo han hecho en forma impactante: libros salvajes, pasajeros lunares, perros con pico y alas, reyes muertos de risa, hombres no creados, serpientes luminosas, caimanes bajo la cama, hombres que se sacan el corazón, chicas canibalescas, música para viajar al pasado, parejas de fantasmas todavía enamoradas, etc.

 

* Carlos Moctezuma. Desde la almohada y otras ficciones. Monterrey, N.L.: Ed. de Autor, 2017. 49 pp.

Una dinastía de miedo

Eligio Coronado

 

Monterrey.- Una de las dinastías luchísticas más respetables de Nuevo León es la que conforman El Vasco, La Diabólica, Tiffany (hija de los anteriores) y Vasco Jr. (nieto de los primeros y sobrino de Tiffany). Los tres primeros ya han ganado campeonatos y el junior está en camino.

En La Diabólica, El Vasco y su dinastía*, Fernando Cavazos Torres (Monterrey, N.L., 1957) nos presenta la trayectoria de estos cuatro luchadores desde el punto vista humano, más que del profesional.

Así conocemos los orígenes, el descubrimiento de la vocación, las tragedias, las pruebas del destino, la formación del carácter, la perseverancia y, finalmente, las derrotas y los triunfos.

De El Vasco (Jesús Leyva Rojas, Paredón, Coah., 1932-Monterrey, N.L., 1999) sabemos que se hizo luchador por su amistad con el terrible René “Copetes” Guajardo. Que su primer entrenador fue Beny Llamas, quien lo bautizó con ese nombre. Que poco después debutó (en 1958) enmascarado en las áreas chicas de Monterrey y que en los años 60 triunfó en la capital. Que regresó a La Sultana del Norte para formar pareja con el rudísimo Bulldog Villegas y que conquistaron el Campeonato de Parejas del Norte.

A principios de los 70 ocurrieron dos eventos importantes en su vida: perdió la máscara (morada, por cierto), ante el Halcón Dorado, y se casó con Angélica Sánchez Pérez quien, al paso del tiempo, se convertiría en La Diabólica, entrenada por el propio Vasco.

La Diabólica llegaría ser Campeona Femenil del Norte (derrotando a Lorena Dávila), raparía a Lolita Solís en Saltillo y le quitaría la tapa a La Especial, en Sabinas Hidalgo, N.L. El destino le tenía deparada una extraña sorpresa en los encordados: asistir al debut de su hija Tiffany… ¡como rival! …Y perdió.

Desde que era niña, Xóchitl Leyva Sánchez (nombre real de Tiffany) acompañaba a su padre El Vasco a impartir clases de lucha en la Arena Coliseo. La seducción de los encordados no tardó en darse y debutó en 1993 con la recién desaparecida Flor de Loto en contra de su madre y Tigresa del Norte. Tiempo después raparía a La Intrusa y le quitó a su madre (La Diabólica) el Campeonato Femenil del Norte.

En 2002 empató con el exótico Pimpinela con lo cual ambos fueron rapados. Ha ganado los torneos Reina de Reinas 2003, 2005 y 2008 y dos veces el Campeonato Nacional Femenino. En 2012 perdió su cabellera ante Marcela en la Arena México.

En su carrera, Tiffany (Monterrey, N.L. 1973) ha dejado sin máscara a La Diabólica, Lady Guerrera y Gran Tigre. Y sin pelo a Electroshock, además de la Intrusa.

Por su parte, el Vasco Jr. (Óscar Leyva Sánchez, Monterrey, N.L., 1986) debutó en 2004 y desde entonces ha pertenecido a Los Cumbia Kings, ha sido exótico y ha rapado a Príncipe Guerrero II, Pee Wee y Dark Euforia. Por ahora, él y Tiffany mantienen viva esta dinastía.

 

*Fernando Cavazos Torres. La Diabólica, El Vasco y su dinastía. Monterrey, N.L.: Lucha por la Cultura / Oficio Ediciones, 2017. 72 pp., fot. (Colec. Narrativa).

Cantando con el espíritu

Eligio Coronado

 

Monterrey.- Irma Graciela Castilleja Rodríguez posee el don de la brevedad. Su capacidad de síntesis le permite eliminar la paja y conservar la esencia de la idea. De esa manera anula lo superfluo que pudiera restarle claridad a su expresión y la dota de una energía especial y contundente: la de la inteligencia pura y llana.

En sus textos, entre los que predominan los aforismos y los poemas, la calidez es su divisa, además de que rezuman sabiduría y están orientados hacia el espíritu. Porque así es Irma: sabe lo que quiere y sabe a dónde va.

En Cantando con el espíritu* abundan las reflexiones: “Armoniza tu interior y se arreglará el exterior” (p. 41), “Si algo te incomoda, arréglalo. Haz acuerdos contigo mismo, acuerdos que redunden en tu paz” (p. 43), “Cuando dejes de vivir en la nostalgia, conocerás la libertad emocional” (p. 45).

Saber vivir no es fácil en un mundo tan cambiante, que nos obliga a reinventarnos constantemente para no sucumbir, travesía que inevitablemente nos afecta, pero Irma (Ciudad Madero, Tamps., 1966) tiene muy clara su filosofía: “Todo lo que te sucede es para tu crecimiento personal, tuya es la responsabilidad de aprovechar la lección” (p. 47), “Cuando te aceptes tal cual eres y dejes salir a tu verdadero yo, resplandecerás y no necesitarás buscar la aprobación de los demás” (p. 48), “Cada uno crea su realidad, nadie es víctima de nadie. Sólo somos víctimas de nuestra ignorancia” (p. 47).

De todas las facetas que le conocemos a Irma (Irmadorowsky, Irma D’Sade, Irma D’ark, IrmAma, IrmAñoranzas, IrmaQuestiona, IrmAcróstico, Irma Holmes, Irm@net, IrmaDialoga y Gracie-La de la Vieja Luz) sobresale la Irma práctica (o sea, lrma Graciela), la que tiene la palabra justa para emitir el juicio certero: “Si al ganar tus batallas no ganas paz, habrás perdido la guerra.

Si el resultado de ganar batallas no es la paz, habrás perdido la guerra” (p. 49), “Si el lugar que ocupas en alguien no es el que deseas, no creas que fallaste, simplemente no es tu lugar” (p. 44), “Si tu necesidad de amor no está cubierta, aumenta la dosis de amor propio” (p. 44).

En esta bitácora vital no podía faltar la faceta sensible donde Irma se autodefine como persona y éste es su retrato: “Este año (…) / Me he divorciado de entrometerme en / asuntos ajenos. / Me he divorciado de paradigmas negativos / que solo detienen mi felicidad. / Me he divorciado de rumores que dañan / tanto a quien los dice como a quien los / escucha. / Me he divorciado de malos entendidos. / Me he divorciado de explicaciones / innecesarias. / Este año vuelvo (…) dispuesta a / reconciliarme con la alegría de mi corazón, el / bienestar de mi razón y la luz de mi verdad” (p. 32).

 

*Irma Graciela Castilleja Rodríguez. Cantando con el espíritu - Adesha. Monterrey, N.L.: Luna de Papel, 2017. 55 pp.

Entrevista con Shula Cartonera

Eligio Coronado

 

Monterrey.- La editorial Shula Cartonera ha entrado con fuerza, desde el año pasado, en el ámbito cultural de Monterrey a base de ediciones y actividades alternas. Al respecto hemos platicado con su propietaria, la escritora Dora E. Castillo.

¿Cuándo y dónde nace la Shula Cartonera?

Shula Cartonera, editorial artesanal alternativa, es presentada por primera vez el 15 de noviembre de 2014 en el Teatro Experimental del Espacio Cultural Metropolitano en Tampico, Tamaulipas, como un proyecto de creación literaria independiente, forjado gracias a la capacitación continua de formación artística que ofrece el Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes (ITCA), a  través de un Taller de Creación de Editoriales Cartoneras, bajo la tutoría de Nahúm Torres (Librosampleados, CDMX).

¿Cuáles son sus objetivos?

Mantenernos como un espacio de publicación literaria para las mujeres escritoras emergentes del norte de México; aunque también puede ser el caso de autoras con trayectoria. Ellas son nuestro principal punto de interés: las mujeres creadoras, que en el ámbito de las artes seguimos paradas frente a la apremiante necesidad de lograr la conquista de nuevos foros, espacios y áreas de expresión que, en este caso, es lo que propone la editorial Shula Cartonera, a través de las convocatorias que periódicamente estamos publicando en nuestras redes sociales. Sin embargo, los escritores [hombres] no quedan excluidos, al contrario, ellos son nuestros invitados especiales y este año le daremos la bienvenida a nuestro primer autor, Gastón Alejandro Martínez, de Ciudad Madero, Tamaulipas, al cual será un honor poder publicar.

¿Cuáles son los requisitos para publicar en la Shula?

Básicamente estar pendientes de nuestras convocatorias o bien, contactarnos a través de la shulacartonera@gmail.com, presentarnos su proyecto, nosotros lo evaluamos y, si todo va bien, con mucho gusto lo agregamos a nuestro catálogo.

¿Por qué decidió convertirse en editora?

Estudié la carrera de Licenciatura en Diseño Gráfico, así que de alguna manera escribir siempre formó parte de mi quehacer profesional y de un gusto por la literatura que desde pequeña acuñé por iniciativa propia. Finalmente, de todo el abanico de posibilidades que ofrece la carrera de LDG, me incliné por estudiar un Diplomado en Medios Editoriales y, desde este momento, todo vino en cascada: al año siguiente conocí a Nahum Torres, editor de Librosampleados que en ese tiempo visitó Tampico a impartir un Taller de Editoriales Cartoneras, a través del Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes y ahí empezó la aventura que poco a poco le fue dando forma a lo que hoy es la Shula Cartonera y, junto con ello, mi labor como editora.

¿Cuántos títulos ha publicado y de qué autores?

Nuestros títulos al día de hoy, en orden cronológico: Silencio de cierto, poesía de Dora E. Castillo (2014); siempre me apena decirlo, pero por algo teníamos que empezar, así que corrí el riesgo de pecar con esta autopublicación; después vino Flores raras, cuentos de Francia Perales (2015), a quien considero nuestra primera autora, presentado en Tampico en diciembre de 2015; Textos en mis espejos, poesía de Hortencia Delgado Flores (2016), quien fue nuestra primera autora publicada acá en Monterrey. Y el último libro: Notas al pie [tergivérsame esta], prosa poética de Mónica Morales Rocha, autora tijuanense (2017) y la segunda edición de Flores raras de Francia Perales (2017).

¿Qué géneros literarios apoya?

Hasta hoy tenemos la Colección de Poesía Alacrana y la Colección de Narrativa Femenina del Norte de México, que recién iniciaremos en septiembre con la publicación de las obras de nuestras ganadoras de la primera convocatoria.

¿Cómo distribuye sus ediciones?

Regularmente es de forma directa, a través de los eventos, presentaciones y ferias del libro a las que asistimos durante el año. Sin embargo, desde recién llegados a Monterrey, empezamos a vender nuestros libros en la Galería La Madriguera, ubicada en Abasolo #916 en Barrio Antigüo y hemos empezado a tocar puertas en algunas librerías dentro y fuera de Monterrey; ahora, en la Ciudad de México, en Wiser Books & Coffee ya tenemos nuestros libros en venta.

¿Quién se encarga del diseño?

Es parte de nuestro proyecto, además de contar con nuestras autoras, invitar a creadores visuales y de la plástica a diseñar nuestras portadas. Hasta hoy hemos contado con las participaciones de Carlos Limas, Alberto de León y Romina Contreras, de Tamaulipas, y Lorena Baker, de Guadalajara.

¿En qué formato edita principalmente?

Iniciamos creando libritos de aproximadamente 11x13 cm., ahora nos hemos decidido por el tamaño media carta para nuestras colecciones de narrativa y poesía, aunque ya estamos experimentando nuevos formatos que mas delante con gusto presentaremos.

¿De dónde viene el nombre?

Desde un principio tuve muy claro que el target de la editorial tendrían que ser las mujeres escritoras y sus necesidades de espacio y expresión, así que empezamos a buscar un nombre que en su simbolismo nos representara a todas las mujeres del norte y shula nos gustó porque desde Tamaulipas hasta Tijuana, todas somos shulas. La Shula nos dio la voz e identidad que estábamos buscando: una voz común para todas las mujeres del norte y de México.

¿Cómo se sostiene la editorial?

Desde el inicio, con recursos propios.

¿El precio de cada ejemplar?

Oscila entre los cincuenta y doscientos pesos.

¿Cuáles son los títulos que han tenido más éxito (literario y/o económico)?

Flores raras, de Francia Perales es un libro que llevamos en su segunda edición y es un libro al que le tenemos mucho cariño por haber sido nuestro primer libro publicado, el cual ha tenido muy buena aceptación entre jóvenes por abordar temática de género, tan necesaria de ser tratada en este momento.

¿Satisfacciones o desencantos como editora (hasta la fecha)?

Como en todo hay desencantos en determinados momentos, gajes del oficio, quiero pensar, pero yo, que me toca ser y hacer a veces de todo, desde la que saca copias hasta la que firma los contratos, decido quedarme con la experiencia de los logros y el aprendizaje, que finalmente se convierten en el motor aliciente para dar el paso que sigue.

¿Qué actividades realizan, adyacentes a la actividad editorial (talleres, concursos, etc.)?

Durante todo el año y a la par de la promoción editorial, impartimos talleres de creación de libros artesanales en instituciones públicas y privadas, algunas pláticas cuando nos invitan a las escuelas o en foros literarios y el servicio a todo público interesado en publicar que como editorial este año estamos arrancando.

¿Próximos proyectos editoriales y adyacentes?

En septiembre de 2016 lanzamos la Primera Convocatoria de Narrativa Femenina del Norte de México de nuestra editorial, resultando ganadores los libros De luchas y santos, de Flora Isela Chacón (Chihuahua) y Bala daña da, de Laura Elena Cáceres (Tamaulipas). Además de que publicaremos a nuestro primer autor invitado con La balada de Charlie Robinson, cancionero de Gastón Alejandro Martínez (Tamaulipas). Estos tres títulos, próximos a publicarse en este año dentro del evento ARTÍSTICOS, los días 23 y 24 de septiembre del presente en el Centro Internacional de Negocios Cintermex en Monterrey, Nuevo León.

 

Testimonio espiritual de un hombre

Eligio Coronado

 

Monterrey.- Los escritores jóvenes son intrépidos: creen que lo pueden escribir todo y lo hacen. Y es que saben que las musas no siempre acuden. Entonces emprenden la odisea por su cuenta, sin su valioso apoyo.

Eso hizo Yolanda Elizabeth Martínez Chacón (Monterrey, N.L., 1988): se abalanzó con premura al torbellino de sus recuerdos familiares para novelar la vida de su abuelo materno, complementando los huecos que dejó el olvido con algunas entrevistas a testigos de esa historia.

El resultado fue: Testimonio espiritual de un hombre: Francisco José María Chacón Castillo. Don Francisco (Nueva Rosita, Coah., 1931) logró remontar la cuesta de un destino que se adivinaba sin expectativas y, de no tener zapatos para asistir a la escuela primaria, llegó a codearse con el presidente José López Portillo, en virtud de su puesto como director de operación y mantenimiento de la Compañía de Luz y Fuerza de la ciudad de México.

A base de tesón, don Francisco logró titularse (hacia 1953) como ingeniero electricista en el Instituto Politécnico Nacional con 9.8 de promedio y, poco después, en ese mismo año, se casaría con su novia de juventud, María Elena Ávila Lobo. Tendrían seis hijos.

Gracias a su perseverancia creó la empresa Contratistas y Abastecedores y la prosperidad tocó a su puerta. Pronto tuvo seis autos (los dos únicos Galaxies que había entonces en México, los tenía él), además de “dos suites en Acapulco al nivel del mar, una suite en Zihuatanejo, una finca en Cuautla y 6 casas en Cuernavaca” (p. 56). Adquirió una granja para engordar pollos que quedó a cargo de su padre y un hermano.

Toda esta bonanza generó un desajuste existencial de grandes proporciones en la vida de don Francisco: “El estrés estaba en todo su apogeo. El alcohol y las malas compañías lo estaban consumiendo” (p. 50), “Panchito estaba dejando la sencillez y la soberbia era su pan de cada día.

Andaba como loco y cada vez llegaba más tarde a casa: los compromisos (…) eran su prioridad” (p. 47). Incuso se vio involucrado en la muerte de un obrero: “las investigaciones (…) lo consideraron como «accidente de trabajo», pero en la mente de Pancho, él había sido el culpable” (p. 48).

De todo ese marasmo pernicioso lo vino a rescatar un familiar, el tío Kiko, con una invitación al cristianismo, mediante cartas periódicas.

El efecto fue paulatino, pero decisivo. Dejó sus antiguos vicios y feas maneras. Hoy “Si alguien llega a su casa pidiendo dinero, él lo pasará y lo invitará a comer y a ser parte de la familia. En los semáforos se detiene para dar palabras de bendición y ayudar al necesitado. Cualquier cosa que le pidas, jamás te lo negará” (p. 64).

Yolanda Elizabeth Martínez Chacón. Testimonio espiritual de un hombre: Francisco José María Chacón Castillo. Monterrey, N.L.: Ed. de Autor, 2016. 150 pp.

Nueva música norteña

Gerson Gómez

 

Monterrey.- Cantar es añorar, volver el sentimiento en palabra. Aderezarla con las notas musicales, para conmover a quienes les escuchan.

Conversamos con el intérprete y compositor Luis Carlos López “Maico”, quien conserva lo esencial de la fragancia del norestense: el amor por la tierra materna y el mapa interminable de la memoria.

Enfatiza “Maico” en su disco Norteño Feeling, el sentido universal de la metáfora por el afecto femenino. Su apuesta se resuelve a favor, pues viaja de manera lucida de la mano de melodías controladas por la melancolía.

GG: ¿Cómo ha resultado el proceso creativo con estos temas que son parte de la herencia latinoamericana, no solo en el noreste, sino en toda la parte hispanoparlante?

Maico: Ha sido en realidad muy sencillo quizá porque, desde que lo acometí, el proyecto se presentaba redondo en mi mente tanto en lo conceptual como en lo contextual. El leitmotif es ese microcosmos llamado música norteña o norestense con un marcado énfasis en el bolero regional. La fusión con el “filin” cubano y los leves toques jazzy terminaron por dar el cuerpo definitivo.

GG: ¿Te consideras el Johnny Cash regiomontano?

Maico: Definitivamente no, aunque coincido en el apego a ciertos elementos estéticos en cuanto a outfit se refiere además del cabello embetunado y mi tendencia al folk. Siempre he sido muy vintage.

Johnny Cash me atrapó desde mis primeros encuentros con su música en mi adolescencia, lo escuchaba a la par de The Isley Brothers, Inti Illimani o Los Cadetes de Linares. Pero no, no me considero el Johnny Cash regio, acaso un regio que aún se eriza al escuchar el “Folsom Prison Blues”.

GG: ¿Cómo es que te decidiste a seleccionar cada uno de los temas?

Maico: Fue fácil, la mayoría forma parte de mi soundtrack personal, me acompañan desde mi infancia y adolescencia con la radio como una omnipresencia atávica. Sólo tres o cuatro temas los incorporé en consenso con mis coproductores musicales, Ezaú Garza y Mayito Solórzano.

GG: ¿Retomar la carrera musical te representa algún nuevo reto?

Maico: El reto es el formato de solista, nunca he dejado la carrera musical, hice mucha producción discográfica. Afortunadamente el escenario es un terreno que conozco bien y sé manejarlo. Lo sentí en las primeras presentaciones de este nuevo estilo.

GG: ¿Cómo es llevada la curaduría de este norteño feeling?

Maico: Como te decía antes, un poco de concepto y un poco de contexto. Temas del cancionero popular regional de las décadas de los 50 a los 90. Un discurso amatorio de encuentro o desencuentro. Incorporaciones sonoras que aportan juego sin afectar demasiado el “ethos” y sobre todo un estilo interpretativo que invite a una atmósfera intimista y sensual.

GG: ¿Cómo puedes definir en tus palabras, o en escenarios, lo que es el norteño feeling?

Maico: Un asomo al entorno más íntimo de la música popular del noreste mexicano. La música norteña también se puede escuchar, también puede ser cachonda. No es sólo flor de cantina o de salón de baile.

GG: ¿Estas rompiendo algunos mitos o tabús, en la frontera de lo creativo, con este material discográfico?

Maico: Tal vez. Me he dado cuenta en lo poco que llevo promoviendo el norteño feeling que hay cierta resistencia entre el sector más ortodoxo de la canción regional, no les late la presencia del piano o los solos de guitarra eléctrica a la par del acordeón. En lo que respecta al público que ha asistido a mis conciertos he sentido lo bien que reciben mi propuesta. Entonces siento que voy por el camino correcto, que estoy aportándole al género.

GG: ¿Qué papel juega ahora la música norestense en la comunidad artística?

Maico: Trabajos como los del grupo Tayer, El Tigre, Marilú Treviño, Esencias, Pico de Gallo etc, siguen siendo muy apreciados y reconocidos.

GG: ¿Lo tuyo es folclor o reinterpretación con instrumentos modernos?

Maico: Soy folklorista pero no folklórico. Pocas cosas regionales son netamente folklóricas, pienso en agrupaciones netamente folklóricas como los Cardencheros de Sapioríz o en un conjunto de tambora y clarinetes de esos que abundan en la región citrícola. Lo demás, lo que hacemos los folkloristas, tiene mucho de performance.

GG: ¿Con quién te gustaría compartir escenario, vivo o fallecido o ambos?

Maico: Aventuraré nombres vivos y muertos: Joan Baez, Los Lobos, Zulma Yúgar, Fito Páez, Francisco Céspedes, Los Texas Tornado, Inti Illimani, Bola de Nieve…

GG: ¿Con quién te has sentido más cómodo al trabajar o colaborar?

Maico: He tenido la suerte de compartir producciones o el escenario con mucha gente buena onda, así que nombrar sólo algunos será más una omisión que una mención. Pero, producirle un disco a Oscar Chávez, abrirle un concierto a Pablito Milanés o ser interpretado por Celso Piña me han hecho pensar que elegí bien mi camino.

Los monólogos de la vagina

Eligio Coronado

 

Monterrey.- Los monólogos de la vagina* es una obra que, más que feminista, es humanista. Su propósito es revalorar a la mujer como persona, abatiendo siglos de degradación, violencia y desprecio en virtud de poseer este órgano.

Su autora, Eve Ensler (Scarsdale, Nueva York, 1953), la fue haciendo sobre la marcha, primero con base a comentarios casuales con amigas y luego mediante más de doscientas entrevistas planeadas.

Su objetivo fue: “celebrar la vagina”, describiéndola como superior al pene masculino, debido al hecho de que está conectada con el clítoris, el único órgano humano que no tiene otro propósito que el de dar placer” (https://es.wikipedia.org/wiki/Los_mon%C3%B3logos_de_la_vagina).

Su teatralización inició en 1996, pero desde 1998 se convirtió en una cruzada internacional en favor del género victimado, contando con la participación de incontables figuras del espectáculo, habiendo sido representada en más de 120 países y traducida a más de 45 idiomas.

Los 16 capítulos que componen esta obra son explícitos, verídicos y fluidos. Más allá del morbo, encontramos humor, ternura, dolor, erotismo, ironía, felicidad, lesbianismo, injusticia, salvajismo y por supuesto, sexo: “Mi vagina está encabronada y necesita hablar. (…).

Mi vagina no necesita que la limpien. Huele bien. No la traten de decorar. No les crean cuando les dicen que debe oler a pétalos de rosa cuando debe oler a ella” («Mi vagina furiosa»).

“Resultó que Memo amaba las vaginas. Era todo un catador. Amaba el cómo se sentían, el cómo sabían, el cómo olían, pero lo más importante es que él amaba el cómo se veían” («Porque le gustaba verla»).

“El clítoris (…) Es el único órgano del cuerpo que está diseñado totalmente para el placer. El clítoris es básicamente muchas terminales nerviosas: para ser precisos, 8000 fibras nerviosas. (…) tiene el doble, el doble, el doble que el pene. ¿Para qué quieres una pistola? ¡Si tienes una semiautomática!” («Feliz dato vaginal – clítoris»).

Los títulos explican mejor que nada el contenido y el tono, y convocan a la lectura inmediata (excepto, claro, para los mojigatos, retrógrados y decimonónicos):

 

Cap. 1- Pelos

Cap. 2- Si tu vagina se vistiera, ¿qué se pondría?

Cap. 3- Si tu vagina pudiera hablar, ¿qué diría?

Cap. 4- La inundación

Cap. 5- El taller de la vagina

Cap. 6- Feliz dato vaginal – Clítoris

Cap. 7- Porque le gustaba verla

Cap. 8- Datos no muy felices

Cap. 9- Mi vagina era mi aldea

Cap. 10- Mi vagina furiosa

Cap. 11- La paparrucha en el País de las Maravillas

Cap. 12- ¿A qué huele tu vagina?

Cap. 13- Reconquistando el coño

Cap. 14- A una niña de 6 años se le preguntó

Cap. 15- La mujer que amaba hacer felices a otras vaginas y

Cap. 16- Yo estaba ahí

 

Conmueve la valentía de las mujeres para tolerar tanta atrocidad cometida en su contra (cada 4.6 minutos una mujer es violada en México y 6 son asesinadas) y cómo los antivalores de sumisión, estoicismo y abnegación (tan arraigados antes) se van diluyendo en la corriente contemporánea de la igualdad de género.

¿Provocará todo esto una nueva era en la relaciones hombre-mujer o se impondrá, como siempre, la proverbial intransigencia masculina?

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* Eve Ensler. Los monólogos de la vagina. Buenos Aires, Arg.: Emecé Editores, 2016. 126 pp. (Colec. Emecé).

Entre dichos y hechos

Eligio Coronado

 

Monterrey.- María Antonia Martínez Rivas (también llamada Tony o mi querida Antónima) es una narradora costumbrista que teje sus textos con los hilos del humorismo y la picardía.

En su primer libro (Entre dichos y hechos*), nos ofrece un instructivo y tres historias: «Instrucciones para abordar un camión», «S.O.S», «A medida del Santo son las cortinas» y «Camas de amor eterno».

En «Instrucciones…», María Antonia (Monterrey, N.L., 1965) incluye cómo esperar el autobús, cómo tratar con la gente, cómo conducirse dentro del vehículo, dónde sentarse y qué lenguaje emplear si el chofer no se para donde uno timbra.

Todo un manual de urbanidad (si descontamos el lenguaje carretonero destinado al cafre cuando se pasa de la esquina solicitada): “Si sus gritos no son escuchados, un chiflido o movimiento obsceno de manos le ayudará. Si ve que no pasa nada no se frustre, esos cabrones ya se han hecho inmunes” (p. 7).

En «S.O.S», una visita al Seguro Social se convierte en pesadilla de molestias, corajes, vergüenza y dolor al tener que acompañar a la madre, ser exhibida por ésta en aspectos muy privados (edad y virginidad) y obligada a vacunarse contra la influenza, además de aplacar sus instintos homicidas contra niños latosos: “juro que me tiemblan las manos de las ansias de darles un chingadazo o atravesarles el pie despistadamente para que caigan y dejen de joder” (p. 9).

En «A medida del Santo son las cortinas» una mujer resume sus difíciles relaciones con la iglesia: bodas, primeras comuniones, tertulias y loterías: “Desde chica mis padres han batallado conmigo por no cumplir con ese precepto. No lograron que tuviera un acercamiento definitivo con Dios. Mi paso por ella ha sido un poco escabroso” (p. 14).

Y en «Camas de amor eterno», una mujer sorprende a su marido con una cama para reanimar la perdida pasión, aunque dicha cama se halla en un ¡panteón! y funciona: “Gozamos como enajenados nuestra piel, descubrimos nuevas caricias en lugares inexplorados, llenos de pasión. Nuestros cuerpos, rítmicamente acoplados, disfrutaban como la primera vez. Mi olfato me señalaba los rincones de su tez con la misma necesidad que quema la piel, un festín de besos profundos” (p. 29).

El humor de Antónima coquetea con la carcajada estrepitosa, sobre todo por la súbita aparición en los momentos menos esperados: “Órale, barra libre, de aquí soy” (al ver en el altar muchas botellas de vino, p. 17), “¡Ya nos cargó el payaso!” (al escuchar el llamado a misa, p. 18), “¡Como si alguien le hubiera preguntado a la mujer!” (cuando su madre le revela al doctor que su hija es virgen, p. 12).

Por su parte, el erotismo aparece en «Camas de amor eterno» y es explícito, como corresponde a una pareja que empezaba a oxidarse en la rutina: “Mis manos pasearon por sus nalgas sin dejar de acariciar. Un miembro que disfruté y descubrí como nunca lo había hecho: saboreé, chupé, mordí hasta el delirio” (p. 29).

¿Es válido el erotismo explícito en literatura? Por supuesto que sí. Es prioridad del autor dotar al texto de todo aquello que requiera para satisfacer su sentido creativo. Los lectores sólo podemos opinar, pero no impedir ese proceso.

 

* María Antonia Martínez Rivas. Entre dichos y hechos.  Monterrey, N.L.: Edit. Onomatopeya Producchons, 2017. 30 pp. (Serie: Entredixit) (Libro de bolsillo: 10.5 x 7 cms.)

Reglas para el buen escribidor

Eligio Coronado

 

Monterrey.- El editor Fernando Javier Elizondo Garza (Monterrey, N.L., 1954) está preocupado por los nuevos escritores: los incipientes, los que son aves de paso y los que ya teniendo muchas páginas andadas todavía no saben redactar.

Le inquieta, sobre todo, que sus textos no tengan futuro. Sabe bien que la fama y el prestigio de un escritor no siempre están en relación con su obra escrita y que muchos libros premiados suelen caerse de las manos porque no dicen nada.

Ya antes, en El metodicón (2007), Fernando nos había proporcionado algunas fórmulas para escribir historias. Ahora, en Reglas para el buen escribidor*, su propósito es más drástico: que los nuevos autores sean más autocríticos.

A Fernando lo avala su larga trayectoria como editor, no sólo de la revista Papeles de la Mancuspia, sino también de la nueva colección Libros de la Mancuspia que lanzó el año pasado.

Allí ha vivido el infierno de los textos sin pies ni cabeza, los que no van a ningún lado y los que nunca debieron ser escritos, según afirma en la Mancuspia de los 20 años: “Ser domador de leones de circo y entrar a la jaula cuando no se les ha dado de comer a los tigres durante varios días, protegerse de una explosión atómica cercana encerrándose en un clóset sin ventilación, sí, a eso equivale ser editor mancuspio” (número 79, agosto 2014, p. 6).

Reglas para el buen escribidor es, ante todo, un manual abreviado de reglas y consejos para todas aquellas personas interesadas en escribir. Cada regla o consejo se complementa, en la misma página, con una definición de diccionario para que el lector coteje y entienda mejor el concepto en cuestión.

Por ejemplo, en la regla 6 (que debió ser la primera), Fernando nos señala: “Piense, luego escriba: haga un esquema o borrador previo” (p. 10). Enseguida incluye la definición: “Pensar. (Del lat. pēnsāre). *Imaginar, considerar o discurrir. *Formar una persona ideas y representaciones de la realidad en su mente, relacionando unas con otras….”.

Todas las reglas son breves, precisas y demoledoras: “regla 7: Si no lee frecuentemente libros, ni trate de hacer literatura, no pierda su tiempo y autoestima” (p. 11), “regla 20: No escriba frases hechas y lugares comunes, esas son para platicar con idiotas” (p. 24), “regla 2: ¿Realmente tienes algo que decir? Si la respuesta es no, olvídate de la literatura” (p. 6).

Fernando suele ser un escritor inteligente, lúdico e ingenioso, pero aquí se limita a ser práctico. ¿Por qué? Yo creo que se debe a que no avizora figuras de peso en nuestro panorama literario.

Eso explica el tono amargo de algunos consejos: “regla 1: Escriba como le dijeron en sus clases de español y literatura. Si no se acuerda, nada le enseñaron o no estudió” (p. 5), “regla 9: Envíen su texto a revisión a un crítico, estos son odiosos pero necesarios” (p. 13), “regla 21: Desarrolle doble personalidad para la revisión: usted escribe y su otro yo, cínico crítico, revisa” (p. 25).

 

*Fernando Elizondo Garza. Reglas para el buen escribidor V:1.0 [Fragmento]. Monterrey, N.L.: Edit. Poetazos, 2016. 30 pp. (Serie: Sin Reglas, Métodos ni Secretos) (Libro de bolsillo: 10.5 x 7 cms.)

Cartas que tiro al viento

Eligio Coronado

 

Monterrey.- Alan Huerta tiene una incontenible vocación que lo doblega y esclaviza, que lo condena inexorablemente a la tortura de la creación literaria, desenfrenada y sin control, por eso escribe desaforadamente, queriendo no acabar nunca, porque ha descubierto que escribir complementa su espíritu.

En su segundo poemario, Cartas que tiro al viento*, Alan (Monterrey, N.L., 1990), busca desarrollar todo su potencial creativo en textos que pretenden aproximarse al objetivo deseado, pero que no llegan a consolidarse.

De inmediato se percibe que hace falta retrabajar los textos, sacudirlos para que se les caiga lo superfluo y quede sólo lo esencial.

Entre el exceso de artificio hallamos múltiples salidas de contexto, repeticiones, aclaraciones y declaraciones innecesarias, distracciones de pluma, ocurrencias fallidas y recurrencias de alguna intención humorística.

Entre esas recurrencias abundan los juegos de palabras, que no siempre resultan agradables, pues buscan ser efectistas sin aportar naturalidad y brillantez al texto: “Barro en la barra embarrada / Y nadie barre” (p. 84), “Vello en el retrato del retrete / Bello” (p. 88), “Me gusta (…) / Mojarte bajo la lluvia / Y sobre ella yo verte” (p. 32), “Hay accidentes en el occidente” (p. 53), “Tu hiriente oriente me orienta” (p. 53).

Estas frases quieren ser ingeniosas para justificar los poemas, pero ni siquiera alcanzan ese nivel y el resultado es contraproducente, por no decir penoso: “Cuando te des cuenta de la cuenta / Y de que el cuento aún sigue” (p. 13), “Lame la lama ante su ente” (p. 89), “Cuando te sean directas las indirectas” (p. 13), “aún te siento / Pero no me siento, te espero de pie” (p. 27), “Hembra de hambre de hombre” (p. 16), “Eres lo que nunca fue / Y siempre que sea nunca será” (p. 27).

Sí, Alan tiene una vocación innegable, pero todavía no sabe qué hacer con ella. Podría someterla a una tallerización intensiva para que genere textos ajustados a algún sentido de la estética y no estos esperpentos valleinclanescos: “Tan angosto / Ni hablar de agosto / Ni del gasto / Ni del gozo de la gansa / O la langosta” (p. 30).

 

* Alan Huerta. Cartas que tiro al viento (a ver si alguien las encuentra). Monterrey, N.L.: Cerro de la Silla Editores, 2016. 90 pp. (Colec. Prolegómenos).

 

La poesía de Arturo Mariño

Eligio Coronado

 

Monterrey.- El estilo de Arturo Mariño es totalmente libre y creativo, ajeno a toda regla literaria: lúdico, humorista e irreverente, que juega con las palabras en todas las formas posibles: expresivas, polisémicas, homónimas, parónimas, fonéticas, yuxtaponiéndolas, etcetera.

“Poemalarido / (…) / poemalparido / (…) / poesía (…) de otro astro visceral / (…) / vampirizado sea tu nombre / (…) / (…) / poemaduro, / poemarchito” («Parlamento del poeta pirata»), “Heces… soy yo” («Lección»).

En Cuaderno de hallazgos perdidos* este autor manifiesta, además, una fuerte inclinación por lo erótico, lo violento y lo escatológico, y gusta de fusionar los géneros literarios para explotar las propiedades de ambos.

Ante esta avalancha novedosa, el lector puede ser fácilmente seducido, inducido o abducido, o bien repeler esta arremetida sensorial por no estar intelectualmente preparado para recibirla.

A diferencia de otros autores que nada tienen que decir o se limitan a circunvolar sobre un solo tema indefinidamente, Mariño (Ciudad de México, 1961) se solaza en la pluralidad temática: “Llegó un pájaro y luego se le unió otro / y otro y otro más / (…) / y creció una enorme nube de todas las especies / (…) / fue enloquecedor hasta la náusea / pero bello”  («Llegó un pájaro»).

“Abriste el ataúd / y escaparon / las flores disecadas / las aves del sueño / y la luz de la noche” («El moribundo huye montando a pluma al Ave Fénix»), “por la noche / el cielo se despejó / y Dios encendió una vela / por cada uno de sus muertos” («Día de muertos»).

A él no lo detienen las palabras: pasa sobre ellas con la impunidad del todopoderoso, sembrando desconcierto en el concierto de las ideas para imponer su propia lógica mariñana: “muerte / yo no quiero / que me lleve el viento / o la corriente / y se disperse en mar o cielo / mi ceniza / ni ser reloj de arena modeviza” («Simplemente muerte»).

“Eres la única estrella / (…) / Que dormita / en la rama de mi ansiedad” («Echados a su muerte»), “Por si acaso me caigo / y ya no me levanto / te dejo / (…) / la última rama / de mi árbol genealógico / (…) / mi playa de ceniza / mi mar seco / y con mi luna ebria / mi casta lujuria” («Incoherencia»).

 

*Arturo Mariño. Cuaderno de hallazgos perdidos. Monterrey, N.L., Edit. Kapricho Fundación / Poetadesconocido, 2016. 1 vol. s/p.

 

Canto de sirenas

Eligio Coronado

 

Monterrey.- A veces la realidad y la literatura confunden sus límites y la ficción se vuelve materia verdadera, pues ya no sabe uno si la inventa el autor o si la toma de su entorno, como ocurre en este Canto de sirenas*, de Margarita Etchechury (Hidalgo del Parral, Chih., 1950), donde la brutalidad alcanza niveles en extremo inhumanos.

 Aquí hallamos niños que comen adobe y gente que está matando a la “población inútil del país” (p.8), aunque también hay historias agradables: la de un joven que detecta mantos acuíferos con los pies y la de una niña abandonada por su padre que, sin querer, vuelve al núcleo familiar.

Sacude el nivel de miseria del cuento «La fortuna de Clemencia» donde un niño es alimentado con adobe de la pared: “dale un terroncito de adobe, le gusta mucho. (…) Aderézalo con arrullos de miseria y chispas de soledad” (p.5). En cuanto al agua que beben, no hay problema: “en la zanja aún corren aguas negras” (p.6).

Y en «Urna de cristal» la población sucumbe en medio de la guerra entre soldados y guerrilleros. Basta el llanto de “niños asustados” para que “los hombres armados, nerviosos, arremetan con saña baleando por la espalda y acuchillando vientres de mujeres embarazadas” (p.11).

La buena fortuna aparece en «Piernas de oro», cuando el joven Simón encuentra un baúl lleno de monedas de oro antiguas, llamadas “alazanas”, después de dedicarse a encostalar arena para venderla y detectar mantos acuíferos.

Finalmente, en «Choque cultural», una joven sirvienta (Josefa) se casa con el hijo de sus patrones (Francisco) y la bebé que procrean destapa la aventura que un pariente del abuelo tuvo con la madre de Josefa, ya que la hijita de ésta resulta idéntica a otra hija (Aranza) de aquel mal padre.

Finalmente, sorprende el epígrafe de la primera parte de este Poetazo. Se trata de un fragmento del poema «Purgatorio», de la propia autora, el cual se percibe ambicioso, intenso y extenso, moldeado por la larga meditación y el buen oficio: “Dicen, los que saben de eso, que la tierra blanda / estaba llena de cabezas redondas, / alargadas, velludas / y que al cruzar con tiento entre ellas las sentían gemir / adoloridas, igual que ellos, al pisarlas por error” (p. 4, no num.).

 

*Margarita Etchechury. Canto de sirenas. Monterrey, N.L.: Edit. Onomatopeya Producchons, 2017. 30 pp. (Serie: Hijos de las Mareas) (Libro de bolsillo: 10.5 x 7 cms.)