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8 de junio de 2010
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LOS HIJOS DE…

Gandhi

Ismael Vidales Delgado

Leí alguna vez, el encabezado siguiente “Gandhi, padre de la nación y un extraño para su hijo. El vínculo con sus hijos, una faceta poco explorada del adalid de la no violencia.”

Esta inusual declaración entre la inmensidad de textos favorablemente descriptivos de tan emblemático personaje, provocó mi curiosidad y tuve que indagar a qué se refería.

 

Encuentro que hay una película biográfica titulada Gandhi, mi padre, que muestra precisamente el distanciamiento que existió entre Gandhi y su hijo mayor Harilal, quien pasó toda su vida a la sombra de su famoso padre. El estreno de la película coincidió con la publicación de una monumental biografía nueva de Rajmohan Gandhi, historiador y nieto de Gandhi. La película revela la extraordinaria historia del hijo y del hombre al que calificó como "El padre más grande que uno puede tener, pero ése que quisiera no haber tenido". La biografía rinde pleitesía al apóstol de la no violencia.

 

Gandhi tenía sólo 18 años cuando nació Harilal y éste tenía 6 meses cuando su padre dejó a la familia en Sudáfrica (en 1888) para irse a estudiar Derecho en Londres. Tal vez algo de esto provocó que Harilal se hiciera jugador, alcohólico, contrabandista de ropa británica importada -aún cuando su padre llamaba a boicotear los productos extranjeros-, duro cuestionador de la estricta moralidad, y de la abstinencia sexual, así como de la firme postura antibritánica de su padre. Harilal se convirtió al Islam y cambió su nombre por el de Abdullah antes de su muerte en 1948, meses después de que su padre fuera asesinado por un extremista hindú. Gandhi tuvo en total cuatro hijos con su esposa Kasturba, con quien se casó cuando él tenía 13 años: Harilal, Manilal, Ramdas y Devdas.

 

Devdas es el padre Rajmohan, autor de la monumental biografía de su abuelo. Dice Davdas "Escribí este libro porque quise comprender a mi abuelo" "Tenía 12 años cuando murió mi abuelo y quise poder contarles a mis hijos y nietos quién era en realidad. La historia de Gandhi no es sólo la historia de la India. Es también la historia de un padre con grandes expectativas y cuatro hijos a los que les costó estar a su altura".

 

A pesar de los años que han pasado, Gandhi sigue siendo símbolo de la no violencia que derrotó a los británicos y sirvió de inspiración para Martin Luther King y a Nelson Mandela.

 

En la actualidad ha cobrado especial fama el nieto de Gandhi, Arún (hijo de Manilal) quien vivió con el “apóstol” su último año y medio de vida. Desde 1991, Arún Gandhi dirige el Instituto M. K. Gandhi para la No-Violencia, en Memphis (Tennessee). Arún es el quinto de los 14 nietos de Mahatma Gandhi. Nació en la ciudad de Durban, Sudáfrica, en abril de 1934. Allí nacieron también sus dos hermanas, Sita y Ela. Ahora tiene más de 70 años. Arún vivió hasta 1956 en Sudáfrica, donde pasó 14 años en prisiones por oponerse al régimen del apartheid. Después vivió en La India durante unos 30 años, hasta que en 1987 emigró a los Estados Unidos.

 

Cuando vivió en La India fundó con su esposa Sunanda, el Centro para la Unidad Social, para ayudar a la gente pobre del país y aliviar la discriminación de las castas. Fue periodista del Times indio y escribió varios libros, entre ellos Un legado de amor: mi educación en la vía de la no-violencia, en la que cuenta lo que aprendió de su familia sobre la verdad, la ira, la humildad, la disciplina, la moralidad y la espiritualidad.

Entre los textos que circulan en la red motivacional, hay uno de la autoría del Arún Gandhi, que es el siguiente.

 

La mentira descubierta

Yo tenía 16 años y estaba viviendo con mis padres en el instituto que mi abuelo había fundado en las afueras, a 18 millas de la ciudad de Durban, en Sudáfrica, en medio de plantaciones de azúcar. Estábamos bien al interior del país y no teníamos vecinos, así que a mis dos hermanas y a mí, siempre nos entusiasmaba el poder ir a la ciudad a visitar amigos o ir al cine. Un día mi padre me pidió que le llevara a la ciudad para asistir una conferencia que duraba el día entero y yo aproveché esa oportunidad.

Como iba a la ciudad mi madre me dio una lista de cosas del supermercado que necesitaba y como iba a pasar todo el día en la ciudad, mi padre me pidió que me hiciera cargo de algunas cosas pendientes, como llevar el auto al taller. Cuando me despedí de mi padre él me dijo: Nos vemos aquí a las 5 p. m. y  volvemos a la casa juntos.

 

Después de completar muy rápidamente todos los encargos, me fui hasta el cine más cercano. Me concentré tanto en la película, una película de John Wayne, que me olvidé del tiempo. Eran las 5:30 p. m. cuando me acordé. Corrí al taller, conseguí el auto y me apuré hasta donde mi padre me estaba esperando. Eran casi las 6 p. m. Él me preguntó con ansiedad: - ¿Por qué llegas tarde? Me sentía mal por eso y no le podía decir que estaba viendo una película de John Wayne; entonces le dije que el auto no estaba listo y tuve que esperar... esto lo dije sin saber que mi padre ya había llamado al taller. Cuando se dio cuenta que había mentido, me dijo: - Algo no anda bien en la manera como te he criado puesto que no te he dado la confianza de decirme la verdad. Voy a reflexionar que es lo que hice mal contigo. Voy a caminar las 18 millas a la casa y a pensar sobre esto. Así que vestido con su traje y sus zapatos elegantes, empezó a caminar hasta la casa por caminos que no estaban ni pavimentados ni alumbrados. No lo podía dejar solo... así que yo manejé 5 horas y media detrás de él... viendo a mi padre sufrir la agonía de una mentira estúpida que yo había dicho. Decidí desde ahí que nunca más iba a mentir. Muchas veces me acuerdo de este episodio y pienso... Si me hubiese castigado de la manera como nosotros castigamos a nuestros hijos ¿hubiese aprendido la lección? ¡No lo creo! Hubiese sufrido el castigo y hubiese seguido haciendo lo mismo. Pero esta acción de no violencia fue tan fuerte que la tengo impresa en la memoria como si fuera ayer. ¡Éste es el poder de la vida sin violencia!

 

ividales@att.net.mx

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