578
12 de julio de 2010
15l
Google
 


 

PAN-PRD, una mágica emulsión

Ricardo Morales Pinal

 

Yo no sé nada de historia. Pero sé que hasta ahora

no se ha escrito desde el punto de vista

del hombre de la calle, del pueblo, del lector.

Y ese será mi punto de vista.

Gilbert Keith Chesterton

 

La alianza electoral PRD-PAN alcanzada a principios de año y como colofón de una serie de acercamientos muy convenencieros que ya se habían venido dando entre la dirigencia perredista y el jefe del Partido Acción Nacional, Felipe Calderón (recuérdese cómo llegaron los chuchos a la dirigencia de su partido), provocaron anatemas desde el principio. Fue calificada como una acción “contra natura” -quiera esto decir cualquier cosa- y se referían a ambas entidades como el agua y el aceite, esto es, que no se mezclan.

 

En una de mis colaboraciones anteriores señalé que, efectivamente, las partes que se mezclan no siempre logran soluciones verdaderas, sino mezclas heterogéneas en donde las partes pueden “cohabitar” en un mismo sistema, formando emulsiones. De tal suerte que, en este caso, PRD y PAN lo que habían formado era una emulsión purgante que traía a más de uno con serias incomodidades.

 

Pero mire usted, no solamente existen emulsiones para purgar, también las hay mágicas, que le resuelven cualquier problema de salud: las hay para el mal de amores (el mal de amores es un problema de salud muy serio); para la comezón; para la hinchazón; para desarrollar una fortaleza más allá de los límites de cierta normalidad; y si no me cree, párese usted en el cruce de calles de algún arrabal de la zona metropolitana y se topará con el moderno merolico con su altavoz destartalado anunciando yerbas y potajes buenos para todo. Por cierto, al final la mayoría de las veces resultan no servir para nada.

 

A la luz de los resultados electorales del pasado 4 de julio, la alianza PAN-PRD, con sus adherentes PT y Convergencia (especie de resanadores para sellar fisuras localistas, por cierto de eficacia cuestionable: vgr. Zacatecas y Veracruz), se presenta ahora como uno de esos potajes mágicos que servirá para aliviar al país de ese gran mal que en el decir de los aliancistas es el PRI.

 

Pero resulta que el viejo dinosaurio no se extinguió (como seguramente los viejos dinosaurios no se extinguieron como presumen la teoría del parasol de cenizas, o de la misteriosa e indefinida hecatombe, sino que aún viven entre nosotros bajo nuevas y diversas formas evolutivas). Efectivamente, el viejo dinosaurio no se extinguió en el 2000 y mucho menos en el 2006.

Ahora vive entre nosotros bajo la forma blanquiazul, demagógica y engañadora con nuevas formas de corporativismo, con manipulación convenenciera del derecho, políticas anti laborales represivas, manipulación de medios de comunicación, desde el efectista ejercicio del poder y de remate con el ejército en las calles haciendo labores que no le corresponden con un considerable número de violaciones a la legalidad en perjuicio de la población civil. Este es el mismo dinosaurio sesenta y ochero insensible y alejado de las necesidades de la sociedad. Pero que ahora se llama PAN.

 

Y lo de dinosáurico no lo decimos solamente por sus prácticas políticas actuales: si revisamos la historia de México del siglo XX, encontramos a un partido político emergente  en la década de los 30-40 organizado desde el lado más oscuro de la sociedad mexicana ligada al nazismo alemán, alternativo a las organizaciones clericales fundadas durante la guerra cristera de los años 20, para enfrentar al infante dinosaurio surgido de la dupla Obregón-Calles y dada la “tibieza” en que habían caído para entonces estas últimas.

 

El PAN que retoma su nombre de “Acción Nacional” emulando a la organización fascista francesa del mismo nombre, muy activa en ese entonces, era considerada por sus aliados alemanes como una organización dura capaz de enfrentar las tareas que las aspiraciones de poder del Fhürer reclamaban. Como vemos nuestro parque jurásico nacional ha albergado a más de una especie dinosáurica.

 

Y así cohabitaron estas dos especies durante décadas en las que juntas enfrentaron a la mancha roja, por una parte, y el fascismo, por la otra, que se extendían por el mundo y amenazaban colarse por el “patio trasero” al paraíso del libre mercado. La fauna jurásica crecía y se disputaba el dominio del territorio nacional, unos en nombre de la salvaguarda de lo “valores nacionales”, otros en nombre de Dios y de la salvaguarda de los “valores morales de la persona humana” y los terceros  en nombre de la utopía socialista, la ahora llamada “vieja izquierda”.

 

Pero la evolución de las especies se impuso con una determinación muy propia de las leyes naturales y aquella vieja izquierda fue la primera en mostrar signos de cambio y revitalización en la década de los 80 en un acelerado proceso de recomposición política urgida por el embate neoliberal que atacaba por todos los frentes. Así, la mayoría de las izquierdas nacionales confluyeron en un ambicioso proyecto dirigido a la ocupación de la presidencia de la república desde donde se pretendía arribar a la modernización política del país con un sustrato de equidad y de justicia que reivindicara los agravios infligidos a la sociedad mexicana por el viejo sistema.

 

En el XIX Congreso Nacional del Partido Comunista se confrontaron las dos corrientes principales conocidas como “los dinos” (de dinosaurios) y “los renos” (de renovadores); contando estos últimos por cierto entre sus filas a dos destacados miembros: Amalia García y al güero Jorge Castañeda, quienes a la postre formarían parte del Grupo San Ángel, al lado de Vicente Fox. ¡Mira nada más!

 

Pero lo que son las cosas, ahora resulta que los insurgentes provenientes de aquella vieja izquierda  y los contrainsurgentes provenientes de aquellas otras izquierdas desprendidas de la piel del viejo dinosaurio amalgamados en una misma entidad política llamada PRD, han servido de vehículo para que el dinosaurio albiazul se reposicione y aparezca como el auténtico representante de la ciudadanía, todo esto utilizando como coartada la existencia de viejos caciquismos que habían impedido el asentamiento en su territorio de los nuevos cacicazgos disfrazados de demócratas. Es decir, que la lucha aliancista contra los cacicazgos priistas en Oaxaca, Puebla y Sinaloa lo que refleja –y el tiempo lo confirmará- es, ante todo, una disputa territorial. Polvos de los mismos lodos.

 

Pero no es ésta la primera vez en que la izquierda y los sectores conservadores se alían. Justamente en la década de los cuarenta del siglo pasado, aquella “vieja izquierda” lanzó su consigna de “unidad a toda costa” para apoyar al alemanismo, ya que se ubicaba al nazismo y sus aliados nacionales agrupados en el Partido Acción Nacional y en las asociaciones clericales como el “enemigo principal”, confabulados entonces en la intentona golpista de Juan Andrew Almazán.

 

Esta estrategia le resultó, a la postre, de un altísimo costo político a la izquierda y de grandes beneficios al Partido Revolucionario Institucional quien, una vez superada la crisis se consolidó como ese viejo dinosaurio del que ahora se lamentan a toda lágrima los herederos del PPS lombardista que se agruparían en el viejo PST, que ahora se les conoce en el argot perredista como “los chuchos”.

 

Y como reza el tango “la historia vuelve a repetirse". Solamente que en un extraño movimiento errático ahora la alianza es con el PAN para enfrentar al PRI, a quien se le ubica como “el enemigo principal” (literalmente, utilizando la misma conceptualización de hace setenta años para referirse al PAN con este mismo sentido; ¡uf!).

 

Así las cosas, la alianza izquierda-ultraderecha envalentonada por los triunfos electorales alcanzados en tres estados  anuncia la extensión de la misma a otros estados para el año entrante en la confesada intención de enfrentar al, hasta ahora, puntero en la carrera por la presidencia de la república por el PRI, Enrique Peña Nieto. 

 

De esta forma la izquierda perredista podrá repetir el error del 2000 cuando coadyuvó a la llegada de Fox (recuérdese la marcha de Muñoz Ledo al lado de Vicente Fox en la marcha de la victoria panista) quien está más que demostrado no sólo traicionó las aspiraciones democráticas de la ciudadanía, sino que se erigió meteóricamente junto con la primera dama en uno de los caciques más nefastos de la historia contemporánea de México.

 

Así es, el fortalecimiento del PAN solamente llevará a entronizar alguna versión recargada del  foxismo.

 

Bueno, nos diremos, y dónde queda AMLO, ese terco y tozudo político que desprendido también, en sus orígenes, de la piel del viejo dinosaurio, quien con su muy personal estilo parece provenir más bien de aquella vieja izquierda. Pues por lo pronto acaba de decir que el va por la candidatura del 2012 al adivinar la entrega con todos los  arreos y bártulos de la izquierda partidista agrupada en el DIA al panismo calderonista.

 

Pero como decía aquella simpática señora en un cierto comercial televisivo hace algunos años: esa es otra historia.

 

Para compartir, enviar o imprimir este texto,pulse alguno de los siguientes iconos:

¿Desea dar su opinión?

Su nombre :
Su correo electrónico :
Sus comentarios :

 

   

u

 

p79ind

 

Para suscripción gratuita: