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ismaelHOMO CYBERNETICUS VS HOMO SAPIENS

Ismael Vidales  

Uno de los temas que alientan el debate sobre si los avances científico-tecnológicos son la panacea para todos los males que aquejan al ser humano o son la tragedia que castigará a la humanidad a causa de sus excesos, es el cyborg, vocablo acuñado por Clynes y Kline para nombrar a un organismo que partiendo del ser humano tuviera componentes artificiales. Palabras como cyborg y otras del tenor de cibernética, bioingeniería, virtual, digital, y robótica, campean en el discurso nuevo que alienta el debate antes citado.
Es evidente que el Homo Sapiens está siendo severamente cuestionado y en riesgo de perder su lugar, que ocuparía en breve el Homo Cyberneticus, lo cual nada tiene que ver con las teorías evolucionistas tradicionales. Si entendemos –en sentido simple– la cibernética como la instancia histórica, social y tecnológica producida por la confluencia de la informática y la robótica, el Homo Cyberneticus viene a agregar la bioingeniería, que en este caso abarca las manipulaciones genéticas y los llamados implantes biocibernéticos. Ahora tendrías que estar hablando, –muy al estilo de Machado– de una Cyber-otredad, lo que nos lleva a pensar que si el Homo Sapiens era naturaleza y cultura a la vez, el Homo Cyberneticus es tecnología en la naturaleza, lo que nos plantea de entrada la necesidad de acuñar una definición nueva de lo que sería lo natural y lo artificial.
El Homo Cyberneticus vive en un doble espacio: la realidad física de siempre, y la realidad digital, que abarca la realidad virtual y algo más. El hecho de habitar en dos espacios reales, el físico y el virtual, segmenta y disecciona al Homo Cyberneticus. Su vida no es tan simple como el tradicional trato con otro igual, cara a cara, ahora puede estar tras una pantalla, o poseer dispositivos biocibernéticos diferentes al propio, entonces es alguien que se nos parece pero al mismo tiempo se nos diferencia y aleja. Se presenta la pérdida del cuerpo del sujeto, y lo absolutamente material se trastoca y adquiere una fugacidad hecha de pixeles en una pantalla o de códigos binarios en un bioimplante, de modo que se presenta espontáneamente la alienación: los objetos nos miran, los objetos nos relacionan, los objetos nos determinan. Nos hemos cosificado, somos simplemente nuevos ciudadanos de las redes conectivas informacionales. Somos un elemento de la serie, del proceso, de la totalidad, ya no somos ni seremos más un ser integral, un todo. El Homo Cyberneticus es la serie que se cree eslabón sin engarces, pero no es otra cosa que Narciso caminando junto a Tánatos.
El Homo Cyberneticus vive en un presente sin trascendencia, carece de utopías, vive el momento. Los tecnócratas dicen que todo cambia velozmente, pero realmente no hay cambio sustantivo, cada futuro es una réplica de lo presente, más de lo mismo, clonaciones perfeccionadas de lo ya existente. Adiós a las utopías, ha llegado la distopía. Los cambios que se suceden y sucederán sólo son “los cambios”. El Homo Cyberneticus es incapaz de narrar la historia de la humanidad porque se ha aislado de ella, le es ajeno, vive para él mismo: porque él es el hecho fundacional de su existencia.
El Homo Cyberneticus llegó para quedarse, pero, ¿en qué condiciones? Ha nacido, sí, pero ¿qué es lo que adviene? Si nos preguntamos ¿qué es el hombre?, ¿qué podremos responder? Tal vez podríamos aproximar una respuesta si decimos: “Un hombre es eso que va de las cuevas a Gutenberg, y de Gutenberg al chip”. ¿Y mañana qué?
Nos encontramos en una nueva fase de la evolución, caracterizada por la aparición del Hombre Cybernético que sucederá al Homo Sapiens. Bajo esta premisa nos es imprescindible, como seres humanos, tomar conciencia de ello, proceder en consecuencia para no ser relegados al estatus de una especie inferior, y poder integrarnos armónicamente en esa corriente evolutiva.
Proféticamente decía Jastrow, hace varios años, que: según las actuales tendencias, es probable que veamos a la computadora como una naciente forma de vida en competencia con el hombre. El corsario sabía dónde acababa su cuerpo y empezaba el garfio, pero con las nuevas tecnologías metidas en el cuerpo y el alma nuestros, esa distinción se harto complica y ya no tiene sentido.

ividales@att.net.mx

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